El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Dos cartas sobre el problema de los residuos y la salud mental de los jóvenes

16 de marzo de 2023 - 09:00 p. m.

¿Basura Cero o basura total?

PUBLICIDAD

El llamado modelo Basura Cero fracasaría a escala nacional, igual que fracasó en Bogotá durante la alcaldía de Petro, porque la cultura de separación de basura no existe acá y está muy lejos de llegar. Además, aunque sí existiera, sería inviable, por los indigentes y perros callejeros que vacían toda bolsa sobre el andén en busca de lo que puedan comer o vender.

Son realidades que no se cambiarán porque unos políticos emiten una nueva ley.

El modelo que sí funciona y ha sido implementado en otros países se llama polluter pays (el que contamina paga). Implica que el Gobierno les cobre a los fabricantes el costo de la disposición o el reciclaje de sus productos. Rápidamente la cantidad de basura se reduce, por sus altos costos. En vez de vender almuerzos envueltos en un montón de plástico, cartón e icopor, que se usan una sola vez antes de desecharlos, el almuerzo se serviría en loza que se lava.

Pero esa política muy obvia no se ha implementado acá por la oposición de las empresas fabricantes, que prefieren cargar a la sociedad en general y a nuestro planeta Tierra el impacto de sus productos.

Es por eso que, hasta que tengamos líderes con columna vertebral, nuestros ríos, mares y viaductos seguirán contaminados con plástico de un solo uso, y nuestros andenes, con llantas botadas.

¿Y el plan Basura Cero? Mejor llamarlo basura total.

Michael Scott Ceaser. Bogotá.

La angustia de toda una generación

Hoy en día dicen que ser joven es algo bueno porque se supone que tenemos más ventajas que otras generaciones. Cosa que no opino, porque esta generación no tiene opción, no tenemos opción de dejar de estudiar y ponernos a trabajar porque no hay trabajos y en los pocos que hay nos piden una gran experiencia que solo pueden tener personas que ya lleven más de 25 años en esta vida. A los jóvenes de 20 años que queremos trabajar sin tener una carrera universitaria o cualquier otro grado similar nos piden tener cuatro años de experiencia en puestos precarios, donde el trabajo no es estable y muchas veces en condiciones cuestionables. Las empresas se aprovechan de nuestra desesperación por tener un contrato estable para poder ahorrar y así emanciparnos, y nos hacen ofertas de trabajos embellecidas ante nuestros ojos para luego explotarnos . Entonces mi pregunta es: ¿cómo esperáis que esta generación de jóvenes, tanto formados como no formados, no tengan problemas de salud mental? Si viven frustrados en una sociedad que no los quiere dejar avanzar, en la que todo es caídas y levantarse y más caídas y así en un bucle sin fin que lleva a que toda una generación desarrolle un trastorno de ansiedad por la angustia de querer un futuro digno y no tener esperanzas de lograrlo.

Elena Bindang.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias