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Dos cartas de los lectores

27 de octubre de 2020 - 10:00 p. m.

Huertas urbanas

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Con profunda estupefacción leí su artículo “La apuesta por la agricultura sostenible en Bogotá”, donde se habla de un proyecto del Jardín Botánico (JB) para convertir algunos parques de nuestros barrios de bajos estratos socioeconómicos en huertas. Me asaltan las siguientes preguntas: ¿y la recreación para dónde? ¿Acaso los barrios de altos estratos tienen derecho a los espacios de recreación y nuestras familias pobres solamente a la comida, incluso a resolverlo con sus propias manos, en el espacio que es de todos? ¿Dónde queda la obligación misional del JB de trabajar por la protección de las especies nativas del paisaje alto andino? ¿Dónde están los biólogos para defender la función única de nuestro JB? ¿Dónde están para que defiendan los recursos de investigación y protección de nuestra flora nativa? ¿Dónde están los ecólogos para que defiendan el uso racional del agua en la ciudad? ¿Dónde están los urbanistas para que, en una de las ciudades con menor cantidad de metros cuadrados de espacio público por habitante en el mundo, impidan su invasión con “huertas urbanas”? ¿Dónde están los paisajistas para que el espacio público se ornamente con diseños y especies acordes a las necesidades de la ciudad? ¿Dónde hay alguien que sepa sumar para que haga el cálculo del costo de todo esto? ¿Dónde están los productores y comercializadores de hortalizas y legumbres para que defiendan su trabajo de esta competencia a todas luces desleal? ¿Habrase visto torpeza igual?

Pedro J. Uribe Ramírez. Bogotá.

El mejor motor para la reactivación

La pandemia del coronavirus ha causado desempleo de enormes proporciones y revelado grandes desigualdades entre la población, signo de que sus estratos más débiles han estado desatendidos. La situación es de emergencia.

Para superar la crisis el mejor motor es la construcción de edificaciones y de obras públicas, pues genera empleo para todos los niveles de capacitación, activa la demanda de bienes, servicios y suministro de materiales, y con las obras realizadas, que deben aportar beneficios económicos netos positivos para la sociedad, se atiende el progreso de la población. Es una oportunidad para mejorar el urbanismo y la dotación de las ciudades, y para construir vías urbanas y rurales que permitan establecer redes de transporte eficaces y mejorar la productividad.

Los gobiernos, especialmente los alcaldes, tienen el gran reto de planeación, ingeniería y financiación de proyectos para atender prioritariamente esta emergencia. Deberán redistribuir los fondos disponibles y conseguir capital nuevo. Los frentes de trabajo deben ser numerosos, con plazos cortos, para lograr empleos abundantes. Se trata de que mucha gente, la otra Colombia, tenga trabajo productivo, seguridad y progreso.

Hernando Patiño Ortiz. Bogotá.

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