La cadena perpetua no protege a los niños
Sobre el proyecto de cadena perpetua, no cabe que este pueda dirigirse a proteger la integridad de los niños, como lo han expuesto algunos congresistas partidarios del citado proyecto. Y es que la protección de los menores de edad no se logra con políticas represivas: incremento de penas, cadena perpetua o imprescriptibilidad de delitos, sino con la puesta en marcha de políticas públicas destinadas a contribuir al desarrollo integral de los niños y adolescentes, y al compromiso de generar las condiciones sociales, humanas y materiales que se requieren para favorecerlos. Son sujetos de derechos prevalentes, tal como reza en la Constitución, y ello exige una responsabilidad del Estado alrededor del desarrollo integral.
Sin embargo, es el Estado el que vulnera los derechos de los niños. No evita que sean lanzados a la miseria, privándolos de unas condiciones de vida dignas, atentándose contra su integridad física, psíquica y moral, y hasta su propia vida.
Se dirá que se han expedido varias leyes destinadas a la niñez y, por parte del Ejecutivo, decretado políticas de infancia y adolescencia, así como el establecimiento de determinadas instituciones con el fin de poner en práctica dichas políticas. Sin embargo, estos han sido simples paliativos y no van al fondo del problema. Así, existen altas cifras de desnutrición en que los niños son la población más afectada. Y ni se diga de la galopante explotación a que son sometidos laboralmente.
Con políticas de prevención reactiva, como la cadena perpetua, no se avanza en nada en las causas y los procesos de la criminalización, pues se quedan en los efectos, careciéndose de prevención proactiva, que es una política a largo plazo y sí tiene en cuenta las causas y los procesos referenciados.
Edgardo Enrique Salebe Morr. Barranquilla.
“Pioneras de la libertad”
Con la renovación de mi suscripción a este diario me obsequiaron el libro Pioneras de la libertad, de Jorge Cardona y Juliana Jaimes, periodistas de El Espectador. Quiero decirles que me encantó esa lectura: cuántas mujeres han intervenido en todas las etapas de libertad y desarrollo de nuestro país, cuyos nombres y lugares de origen, por lo menos el suscrito, no había conocido. Cuánta abnegación de ellas al proceder a intervenir, incluso exponiendo y dando su vida, y en las etapas posteriores proponiendo y creando ciencia, profesiones y derechos nunca antes permitidos para el sexo femenino. Qué bueno que ustedes promuevan su lectura, pues estoy convencido de que a todo lector le agradará.
Hernando Mañosca Charria.
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