Sobre el regreso de viejos partidos y un editorial (I)
La democracia no es solo el número de los partidos políticos existentes, ni los viejos ni los nuevos. La democracia no es un mundo estadístico. El caso de Anatolio Hernández en el Congreso de la república –me gustaría escribir república con mayúscula, pero es imposible hoy– es una fotografía de lo que no es la democracia. Anatolio le pregunta a Jennifer Arias, quien preside la Cámara de Representantes, cómo votar, y ella desvergonzada le responde: “Vote sí”. ¿A quiénes representan la mayoría de los partidos políticos? No les voy a mencionar esas empresas conocidas de autos. Pero ustedes y el país saben que se representan a sí mismas, las gentes les importan un bledo. Así, pues, los nuevos partidos a los que elude su editorial, titulado “El regreso de viejos partidos fortalece la democracia”, no van a fortalecer nada, sobre todo porque la nuestra no es una democracia, sino un simple sistema político de clientelas. Un grueso de la población colombiana está abochornada con la cadena de entuertos históricos, piensen en la historia política de los últimos 50 años y estarán de acuerdo en que el nuestro es un país sin futuro. Pregunto: ¿será porque la porquería de la politiquería forma parte del paisaje? Que ustedes editorialicen que tres nuevos partidos políticos fortalecen la democracia simplemente significa que la adaptación a la anormalidad es peligrosa, porque viviremos estancados en el futuro. Me gustaría que los colombianos pensaran seriamente en los niños, en sus vidas en 20 años futuros. ¿Existe, así como vamos, el futuro?
Pedro Conrado Cudris.
Sobre el regreso de viejos partidos y un editorial (II)
Su editorial del 22 de octubre reza: “La lógica detrás de revivir los partidos va al corazón de la reconciliación nacional”. Sin embargo, es bien sabido que las divisiones entre los partidos políticos tradicionales fueron el detonante de la violencia histórica desde mediados del siglo XX hasta hoy. Las nuevas versiones de los viejos partidos a cargo de delfines herederos de castas políticas no son una demostración de progreso democrático sino más bien una mutación de la oligarquía para aferrarse al poder en tiempos en que nuevos movimientos, en cabeza de nuevos actores, enriquecen el escenario político, social y cultural del país.
Mauricio Granados.
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