Anotaciones a un antieditorial
Si bien es cierto que en su antieditorial del 17 de agosto el profesor Alonso Ramírez echa mano de argumentos contundentes, también lo es que su razonamiento acepta una que otra consideración. Que sea la escuela la directa responsable de la exclusión argumentada es un tanto desconsiderado. Queda la impresión de que fuera la escuela la llamada a diseñar las políticas educativas, cuando de sobra se sabe que, paradójicamente, es la no reconocida ni invitada a esta tarea. La escuela siempre ha sido relegada en todo el andamiaje social y político del Estado, y este nunca la ha considerado parte fundamental para el desarrollo de la sociedad. Así, entonces, lo que excluye es el aparato social, el sistema político y económico, las condiciones en las que nacen y viven la inmensa mayoría de nuestros jóvenes, y no la escuela en sí misma, como pareciera afirmar el profesor Ramírez.
Magnífico aquello de volver a la sencilla idea de la escuela como proceso de vida, sí, pero no solo eso; no hay que desconocer el hoy, el momento actual. La escuela propuesta funcionó ayer, en la mitad de la anterior centuria, pero hoy no resulta admisible una escuela sin los mínimos elementos que permitan asimilar el estado de la tecnología, la ciencia, el arte y, sí, también los saberes que le permitirán una mínima movilidad social al estudiante, entendida esta como su profesionalización y su derecho al mundo laboral, al que, al fin y al cabo, se encamina toda sociedad.
Las instituciones de educación superior y el SENA están en los colegios públicos y privados en la educación media, como resultado de las exigencias propias del desarrollo de la sociedad, la escuela y de los opacos resultados en el país, más concretamente el bajo acceso a educación superior de los estudiantes de la escuela pública.
Eduardo González. Docente y licenciado en español principal.
En agradecimiento
No escribo para un antieditorial, escribo para agradecer y reconocer el editorial sobre el caso de Luis Álvarez Campuzano.
Es muy válido poner el tema y la forma como lo hicieron. Comparto y apoyo los interrogantes que se plantean a las instituciones.
La hegemonía LGBT del país centró por largo tiempo su atención en el matrimonio y la adopción, pero desde otros lugares, desde otras historias, hemos estado atentos a otras necesidades cotidianas y más reales para grandes sectores de la población. Hay normas, hay marcos jurídicos, pero la vida cotidiana impone otras demandas.
Gracias por haber nombrado este hecho, las reflexiones que proponen y ante todo los interrogantes a las instituciones.
Wálter Alonso Bustamante Tejada.
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