El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Dos cartas sobre la extradición de “Otoniel”

10 de mayo de 2022 - 12:00 a. m.

Debimos escucharlo

PUBLICIDAD

La mayoría de los colombianos somos conscientes de que la extradición de poderosos narcotraficantes a EE. UU. es una herramienta efectiva de persuasión y castigo real por su criminal prontuario. Lo que no queda tan claro es cuándo empezaremos a conocer algunos nombres de colaboradores y cerebros intelectuales de este entramado criminal que nos tiene en guerra hace tantos años.

En nuestro país está blindada la prohibición a reconocernos como actores de violencia en todas las modalidades; así, de no conocer y reconocer la verdad, eternizaremos este conflicto atroz, que nos desangra a todos.

Nuestra realidad de violencia y violaciones de derechos humanos está a la espera de enfrentarnos sin más dilaciones a la verdad, así esta provenga del peor criminal. A Otoniel debimos escucharlo antes de extraditarlo; es claro que el hoy enviado a EE. UU. no hubiera logrado semejante empresa criminal sin socios de gran poder, camuflados en nuestra sociedad colombiana.

Esa realidad es la que queremos a gritos desesperados conocer los colombianos que, indefensos, sufrimos a diario en nuestros campos el rigor de la violencia en calidad de víctimas que tal vez mañana o pasado no tendremos una segunda oportunidad sobre la Tierra.

La voz del campesino es tan digna como el mejor discurso de un intelectual, la diferencia radica en que el intelectual es galardonado por sus palabras y el campesino es sacrificado por atreverse a pronunciarlas.

Air Morales.

Qué sapo

La extradición de Otoniel deja claro que para los poderes constituidos en Colombia tiene mayor jerarquía el delito de narcotráfico que las masacres, los feminicidios y los crímenes sexuales contra menores de edad.

Que tiene más jerarquía una investigación en el exterior que decenas de sentencias internas por delitos atroces. Que el poder jurisdiccional de Colombia es subalterno al de EE. UU. En conclusión, que para no molestar al imperio nadie se atreve a cuestionar ni contradecir esta aberrante situación de injusticia, hipocresía, negocio y muerte a la verdad.

Y saber que sin el delito de narcotráfico no tendríamos miles de muertes violentas ni tantas bandas de narcotraficantes asesinando y llenando de violencia nuestro país. ¡Qué sapo!

Luis José Escamilla.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias