La unión marital de hecho es milenaria
Me refiero a la columna del lector de don José Manuel Bedoya Marín, publicada el lunes 4 de octubre con el título: “Treinta años de la regulación de la unión marital de hecho en Colombia”.
Desde el comienzo de la presencia del ser humano en nuestro territorio existe la unión de parejas con fines de convivencia. La llegada de la religión católica convirtió la unión natural de las parejas en pecado y rompió el ciclo natural de convivencia.
No hay certeza de que el Dios cristiano haya condenado las uniones naturales. Dios no las ha condenado porque no puede condenar lo que él mismo ha creado. La ceremonia del matrimonio es creación humana y la inscripción civil de esas uniones tiene como finalidad llevar el listado de descendientes.
En estricto sentido, el verdadero matrimonio es el consensual y la imposición de ceremonias tiene más finalidad de estadísticas que de solemnizar las uniones.
Es indiscutible que la unión marital es muchos años anterior a la celebración solemne de lo que llamamos matrimonio y más de lo que conocemos como matrimonio católico.
Colombia ya reconoce como verdadero matrimonio lo que equivocadamente llama unión marital de hecho o unión matrimonial de hecho, más antiguo, miles de años más antiguo, que el matrimonio ceremonia.
Es importante que no sigamos calificando como unión matrimonial de menor categoría a la mal llamada unión marital de hecho frente al matrimonio ceremonia. Hay que reconocerle al matrimonio consensual el mismo estatus que el matrimonio ceremonia, no solo por ser el verdadero matrimonio sino por ser miles de años más antiguo que la ceremonia.
Carlos Fradique-Méndez. Abogado.
Injerencias ilegales
En los últimos días se han visto dos situaciones lamentables en las relaciones del Estado con la Iglesia católica: la negativa para la eutanasia de una ciudadana luego de habérsela concedido y la compra de Biblias para la Policía Nacional.
Es hora de que se prohíba en forma terminante la injerencia de la Iglesia católica o de cualquier otra iglesia, secta o religión en las cuestiones del Estado colombiano, que es un Estado laico y cuyas leyes están supervisadas por una Corte Constitucional evidentemente laica. En los dos casos es inadmisible que instituciones que nada tienen que ver con el buen o mal gobierno del país tengan influencias tan poderosas como para cambiar los criterios de funcionarios que no entienden o simplemente actúan como si desconocieran las lineamientos de la Constitución.
Dr. Cornelio Salcedo O.
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