Un par de cartas sobre las ollas en el país.
Sobre las ollas nacionales
Por qué, sabiendo en dónde se ubican las ollas del delito y del crimen, las autoridades no actúan, siempre esperan a que se presenten hechos de trascendencia por sus nefastos resultados o a que sean los escándalos mediáticos los que las obliguen a actuar. ¿Acaso no hay autonomía de gestión y planeación frente a la criminalidad? O quién es el que demora las acciones previas y las operativas. Lo cierto es que la sociedad no puede seguir esperando a que los operativos se hagan cuando los competentes lo estimen conveniente. Como comunidad debemos exigir acciones inmediatas con resultados, somos la voz soberana; aquellas están para servirnos con diligencia, si no actúan hay que acudir a los organismos de control, y si con esto siguen la negligencia y la impericia, hay que echar mano de la proclama social, pero que actúan, actúan. No es un favor, es una obligación constitucional que asuman la responsabilidad delegada del constituyente primario. En los comandos y en los organismos de control deben existir protocolos para dejar constancias de las quejas por inoperancia y de los hechos que se desea denunciar. Con estas herramientas pueden pedir explicaciones en caso de existir la inoperancia. Llegó la hora de la sociedad que exige, no que mendiga o suplica. Ese ha sido el daño que se le ha hecho al servicio público: haber sido permisivos ante la negligencia estatal. Los servidores oficiales se empoderan y creen que es un favor atender con diligencia. No más pasividad ante la indolencia, o sirven o se van, esa es la ecuación perfecta. Hagámonos sentir, no mendiguemos más el servicio público, exijámoslo como lo ordena la Constitución y lo reglamenta la ley.
El Bronx y la corrupción
Que el Bronx sea una realidad que pase desapercibida y cohabite a tan sólo siete cuadras de la Plaza de Bolívar, con las instituciones emblema de justicia y democracia del país, sólo es posible si es la otra cara de la misma olla: la otra cara de trajes elegantes y corbatas, gesta desde los sagrados recintos la corrupción, el pillaje y la impunidad… Condimentos suficientes para que cuadras más adelante se cocine la sopa que nos desgarra hoy las vestiduras.Son sólo dos caras de la misma olla: en una se combinan los ingredientes y en la otra se cocina la sopa.
Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.