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Dos cartas sobre neoliberalismo y Uribe en la Comisión de la Verdad

24 de agosto de 2021 - 10:00 p. m.

Sobre una columna

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Como suscriptor, tengo la oportunidad de conocer a todos los columnistas de la edición impresa y sus líneas de opinión. Uno de ellos, coherente eso sí, es el señor Santiago Montenegro. En su reciente columna “Al final revelarán lo que son” anuncia, a modo premonitorio, que en el debate de cara a las próximas elecciones presidenciales las caretas de los candidatos populistas caerán —por no decir que solo la de uno de ellos—, ya que, según el opinador, todos aquellos que no estén de acuerdo con el neoliberalismo son populistas. Habría que recordarle al señor que diversos intelectuales de talla mundial como Stiglitz y Krugman, premios nobel de Economía, y locales como Cristina de la Torre y William Ospina han puesto sobre la mesa las falencias de este modelo muy generoso con los banqueros y dueños de fondos de pensiones —gremio representado por el columnista—, pero perverso con la democracia y la naturaleza. Entonces, parece ser que entrar a debatir el modelo económico imperante en este lado del hemisferio no es tan populista como Montenegro y similares quieren hacer parecer, sino más bien un tema más que relevante para el futuro de nuestro planeta y las incontables desgracias humanas asociadas a la desigualdad —evento necesario en la práctica neoliberal (Wendy Brown, 2017)—, como la poca inmunización de las vacunas contra el COVID-19 o la abismal pobreza que implica atraso, desnutrición y analfabetismo, tan característica en Colombia y Latinoamérica. Entonces, en el próximo debate, ¿a quiénes se les caerán las caretas ante tan importante coyuntura global?

Edgardo Marbello-Santrich.

Sofisma y despropósito

He de confesar que, con profundo dolor y no menos desasosiego, leí el editorial del día 17 de agosto, “La importancia de Uribe en la Comisión de la Verdad”. Ello, pues jamás se me pasó por la mente que fuera precisamente El Espectador quien justificara lo que fue un espectáculo lamentable y una brutal cachetada de revictimización contra quienes padecieron tanto dolor y tanta ignominia. Únicamente con todo el haz de sofismas del cual está plagado tan lamentable editorial puede afirmarse, como lo hacen allí, que ese circo haya sido “un acto simbólico importante”, que el siniestro Uribe “aceptó aportar al proceso de construcción de verdad” y un largo etcétera. Si, como no pueden dejar de reconocer, lo que hizo este funesto personaje fue enunciar “su” versión (que no verdad), signada siempre por su afán persistente de “socavar los esfuerzos de la justicia transicional”, afirmaciones como las atrás vertidas son contundentemente un mayúsculo despropósito. Como es un despropósito cínico el reclamo hecho por Rodrigo Londoño del cual ustedes dan cuenta. De verdad no logro explicarme qué les pasó esta vez.

Óscar Villada Martínez.

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