De Israel sobre una columna
Quisiera hacer referencia a la columna “Gabriel Gilinski, un alquimista invertido”, publicada por el señor Julio César Londoño en El Espectador.
Desafortunadamente el columnista elige utilizar en este texto expresiones antisemitas y sombrías que desde su posición le ayudan a enfocar su mensaje. Y es más repudiable aún que estos tintes de incitación aparezcan publicados en vísperas del Día de Conmemoración de la Shoá.
A pesar del respeto enorme a la labor de El Espectador y siendo consciente de la importancia del derecho a la libertad de expresión, el uso de comparaciones y contextos implícitos antisemitas son prácticas que no tienen lugar en ningún discurso público. Estos estereotipos conllevan a la incitación y el odio contra un pueblo entero, y no contribuyen ni aportan a cualquier crítica, justificada o no, hacia un individuo.
Christian Cantor. Embajador de Israel en Colombia.
Religión y razón
Si bien tengo una gran fe en la libertad de expresión, no deja de incomodarme que tanto los columnistas más progresistas de El Espectador (Londoño, García Villegas o Isaza) como algunos invitados ocasionales (F. Vallejo o, también en tiempos recientes, un señor Joaquín Robles Zabala, por ejemplo) usen siempre una retórica antirreligiosa cada vez que apelan a la importancia de la “razón” o la “ciencia”. En la columna de Londoño, por ejemplo, las decisiones autoritarias de G. Gilinski terminan asociadas, de manera bastante gratuita, a las tres religiones abrahámicas.
Cada cual tiene el derecho de utilizar las categorías con las que está familiarizado para construir un juicio, pero cuando tales categorías son usadas de manera frecuente y masiva, contribuyen a generar violencias epistémicas. Esto no solo ocurre en nombre de la religión, lo cual es innegable, sino en nombre de la “razón” y la “ciencia”. Asociar “la” religión, si es que existe algo así, con una legitimación de la irracionalidad y el autoritarismo es algo que, desde un punto de vista teológico, histórico, filosófico y sociológico, es insostenible. No, por supuesto, porque no haya, a lo largo de la historia, múltiples ejemplos de esto, sino porque ni hay una “esencia” de las tradiciones religiosas ni esos ejemplos agotan el amplio espectro de manifestaciones de tales tradiciones. Como estudioso del islam y el pensamiento judeocristiano, no deja de preocuparme que un medio serio, como lo es El Espectador, haga eco de esas violencias epistémicas y no haya un balance adecuado en el manejo de ese tipo de información. El secularismo no es sinónimo de pensamiento crítico.
Carlos Ramírez.
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