Participación ciudadana
El ejercicio del derecho constitucional a participar en los asuntos públicos se ha hecho realidad en el proceso judicial que detuvo la deforestación total del emergente Parque Bavaria, según informó El Espectador la semana pasada.
Magnífica noticia que dimensiona el poder de la ciudadanía para hacerse parte en los asuntos atinentes a sus colectivos intereses, como es el de la protección del medio ambiente, cuando, como el caso en comento, a la administración Peñalosa solo le importaba el rendimiento financiero de los propietarios del predio y para ello decretó la tala del 97 % del recurso arbóreo.
Ofrece la lección, así mismo, de ser referente para futuras y similares situaciones, y plantea la realidad de que el urbanismo no puede cimentarse solamente en la gris cementera —¡qué término tan cercano y afín a la muerte!—, como es la consabida receta de los “desarrolladores” quienes mágicamente edulcoran sus proyectos con teorías como la de la resiliencia, esto es, que por fuerza de los hechos cumplidos el ser humano debe soportar cemento y pavimento, pavimento y cemento, por doquier.
Michel Delgado Corredor.
El proceso de paz
He oído todo lo que se ha dicho sobre la Comisión de la Verdad, todavía no he leído el Informe Final completo, pero conociendo algunos episodios acerca de los falsos positivos, del secuestro perpetrado por las Farc, del número brutal de víctimas, he reflexionado sobre la ingente tarea del señor expresidente Juan Manuel Santos. A él sólo lo conozco por sus ejecutorias, por todo lo que de él se ha escrito, por los libros de su autoría, por la forma como se jugó su capital político, en aras de nuestra seguridad y perdiendo la suya y la de su familia, sólo con el ánimo de hacer de este país un lugar mejor para todos nosotros y para dejarlo a nuestros hijos y nietos. No entiendo la mezquindad de todos aquellos que han dedicado los últimos 1.460 días a denigrarlo, a dudar de su honestidad y limpieza de miras, a descalificarlo, negándole la condición de real estadista que es, todo por haber sido un hombre inteligente, audaz, independiente, que trabajó por nosotros y para nosotros, poniendo lo mejor de sí mismo a nuestro servicio. Pienso que el Nobel de Paz nunca había sido tan merecido.
Martha Cecilia S. de Estrada.
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