Nos anunciaron la posible salida en libertad del excontralor de Bogotá, el Sr. Moralesrussi, pieza clave en todo el cuantioso proceso de corrupción al que dieron en llamar «el carrusel de la contratación», el cual incluye a los hermanitos Moreno Correa, a los hermanitos Nule, a su primo y a su cuñado, al Dr. Álvaro Dávila, a la exdirectora del IDU, la Sra. Pardo, y, finalmente, a Don Inocencio Meléndez, quien no hace honor a su nombre, convertido en el testigo que podría hacerlos pasar a todos los anteriores de sindicados a condenados.
Pero la posible libertad del Sr. Moralesrussi por vencimiento de términos es, por encima de todo, una especie de alarma que llama la atención del país entero de lo que puede terminar siendo todo este alboroto mediático que se ha organizado alrededor de los monstruosos casos de corrupción que han destapado y que tienen pasmado al país.
Preocupa también el silencio, tendiente al olvido, que rodea desde hace ya semanas a los parlamentarios y exparlamentarios y a varios de sus familiares sindicados dentro del proceso abierto por los manejos indebidos de los bienes en poder de la Dirección Nacional de Estupefacientes.
Para los colombianos de a pie no es ningún secreto que muchos de quienes llegan a los altos cargos de la administración pública sólo tienen en mente enriquecerse a como dé lugar pasando por encima de cualquier pretexto moral o legal. Llegar al Gobierno es más una oportunidad de enriquecimiento que una ocasión de servicio y esto queda demostrado no sólo con lo que ha sucedido en los casos recientes, sino en todos los demás que hemos vivido y que han terminado “en tablas”, pero eso sí: uno ve a los exfuncionarios que llegaron modestamente en taxi o en Transmilenio el primer día de trabajo en sus altos cargos, salir el día del escándalo en suntuosos Mercedes o en BMW que nadie se explica de dónde sacaron en tan corto tiempo.
Pues bien: me asalta la duda de si los tribunales de justicia de este país están dispuestos a ejercer sus funciones o si, simplemente, se van a dedicar a dejar vencer los términos de los procesos, como parece suceder en el caso que motiva este comentario, para que los sindicados puedan regresar tranquilamente a sus lujosos apartamentos o a sus propiedades en el exterior.
Juan Vitta Castro. Bogotá.
Fe de erratas
En la sección “En pocas palabras” del día de ayer, en la noticia sobre la citación del juez a Valerie Domínguez para recibir la acusación formal se dijo de manera errónea que se le acusaba de “prevaricato por apropiación”, en lugar del correcto “peculado por apropiación”.
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