La interesante crónica “Un ejército de cuervos…” permite intuir qué tan desvencijado está el aparato humano de la que se ha hecho llamar “Madre y Maestra” humana durante más de 2.000 años.
Desvencijamiento en torno al cual se ha construido un aparato de poder sin límites, aprovechando los profetas de la libertad todas las posibilidades que les brinda ser un Estado político que no le rinde cuentas a alguien. Razón por la cual la multiplicidad de delitos que se presumen saliendo a borbotones de los palacios donde vive el mismísimo dios de los pobres, a saber: concierto para delinquir, complicidad, manipulación de pruebas y manipulación de elecciones resultan unidos con costumbres propias de las más feroces dictaduras, a saber: ley del silencio, selección a dedo de sucesores, elecciones secretas, manipulación de propaganda oficial, etc. Esta mezcla de presuntos delitos con inmensos estropicios éticos y políticos en verdad no hace sino confirmar que Colombia ha tenido mucha razón defendiendo la posibilidad de que en nuestro territorio continúe vigente su Madre y Maestra. Nuestra historia es prueba fehaciente de que hemos resultado sus más dilectos hijos y sus discípulos.
Bernardo Congote. Bogotá.
Agradecido
Debo agradecer el regalo de El Espectador en sus 125 años, que me ha motivado a conocerlos en los ejemplares de la semana, porque soy asiduo lector los domingos, con la cómoda llegada del diario los sábados en la noche por mi voceador de confianza.
Esta fecha es para mí muy especial, porque se conmemora un año de la muerte de mi padre, de quien heredamos la necesidad de leer El Espectador y destacar desde siempre su credibilidad, independencia y periodismo objetivo, a veces con mucho sacrificio por defender sus principios en una Colombia que se construye en sus dificultades. Es lo triste y desafortunado de nuestra patria, que ustedes en su periódico lo analizan con toda su tropa de columnistas y analistas con amplitud de pensamiento y criterios argumentados sin el tinte del oportunismo y tendenciosos titulares. Se mantiene el espíritu de don Guillermo Cano, en su férrea lucha por la independencia, a pesar de sus costos. Felicitaciones por esa apuesta que persevera y mantiene sus principios de identidad como diario con opinión que levanta ecos y demarca huellas a esta sociedad sórdida. Una huella crítica, pero con la posibilidad de la esperanza que sólo nosotros con el esfuerzo de todos podremos alcanzar otra realidad.
Ahora tengo el orgullo de leer El Espectador en papel, antes lo hacía por internet y los domingos sí mantengo el diario desde hace muchos años. Gracias por sus valerosos y valiosos 125 años.
Álvaro Castro Ramírez. Cali.