El activismo de la Policía contra el aborto
A propósito del editorial de El Espectador “¿La Policía en activismo contra el aborto?”, publicado el sábado pasado, me gustaría agregar algunas cosas.Además de los argumentos señalados en el editorial, creo que se le escapan dos problemas adicionales. Primero, que no hay una política para disminuir el estigma sobre el aborto en Colombia. Segundo, que no existe un mecanismo eficaz para sancionar a la Policía en un Estado que se presume laico como el colombiano.El estigma en torno al aborto son todos los prejuicios individuales y colectivos que hay sobre el tema. Esto lleva a que muchas mujeres no busquen asistencia médica de calidad y a tiempo frente a embarazos no deseados. Por ejemplo, en mujeres víctimas de violación, sus efectos son profundos, en la medida en que se materializa a través del silencio, la culpa y la vergüenza, que hacen que no denuncien. Recordemos que existe un promedio de 38 mujeres violadas por día, que seguramente no buscan ayuda por el estigma, menos aún cuando ven policías marchando frente las IPS más importantes y seguras para interrumpir el embarazo en Colombia.Lo más desesperanzador es que no hay respuesta ante la pregunta de quién va a sancionar a los miembros de la Policía que participaron. La Policía tiene su propio régimen disciplinario, pero al convertirse en juez y parte, en la práctica se da es que finalmente no se sanciona a nadie. La Procuraduría, en uso del poder preferente, podría investigar el caso, el problema es que dicha institución también usa las instalaciones para hacer misas en horario laboral. Luego, no creo que esté muy interesada en el tema, ni le conviene investigar porque, en últimas, hace lo mismo.
Viviana Bohórquez Monsalve
¿Revolución?
Muy difícil les quedará a los funcionarios elegidos por voto popular realizar la revolución por decreto. La sociedad de mercado abierto tiene su correspondencia en el urbanismo sectorizador, de acuerdo con el valor de la tierra y la producción de plusvalía. Desconocer esa realidad es mostrarse como un ignorante redomado o un revolucionario frustrado. La integración social no se fomenta construyendo vitrinas para mostrar las diferencias extremas de la sociedad, ni creando tensiones innecesarias, sino integrando a través de la excelencia en educación y la entrega del espacio público a sus verdaderos usuarios y no a dudosos empresarios populares.
J.L. Gutiérrez
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