El poder absoluto de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) se ha entronizado en el mundo, en unión de empresarios desconocedores de la justicia, la ética y derechos humanos.
Para recordar: la infrahumana inclusión de Ronaldo, media hora después de sufrir convulsiones, en el Mundial de 1998 y cuya final la ganó Francia a Brasil, 3 goles por 0. Inclusión presionada por las multinacionales y los dueños del fútbol. Obtiene la FIFA inmensas fortunas dolarizadas para los directivos del gran negocio universal y no la medalla y honor de triunfar en franca lid. Entre 2010 y 2014 el negocio le generó ingresos por 5’718.000 dólares. Poseen en Suiza un imponente edificio que vale más de 100 millones de dólares, mármol, oro y 204 sillas forradas en elegante cuero que sirven de curul a los miembros de las federaciones de este poderoso imperio, de quien alguien dijo: “a la FIFA no le falta sino la bomba atómica para superar a cualquier potencia”. Para obtener la sede del fútbol se necesitan millones de dólares. El Mundial Corea-Japón, ampliado a 32 naciones, desembolsó 15 millones de dólares a la FIFA. Corea del Sur invirtió más de 2.000 millones de dólares. El anterior Mundial de Brasil 2014 le trajo consecuencias funestas al gobierno de Dilma Rousseff por la inversión tan costosa, casi, 14.000 millones de dólares. A la FIFA le corresponde el 90% de los recursos generados en forma directa. No se puede someter a un pueblo, sumido en necesidades sociales y económicas, a distracciones que solo alimentan las arcas de unos cuantos señores. En sorpresiva y cautelosa operación policiva, en Suiza se detuvo a 7 dirigentes de la multinacional y billonaria FIFA, por sobornos, lavado de dinero y evasión fiscal, según investigación del Departamento de Justicia de Estados Unidos. La investigación implica a otros 12 directivos y se ampliará la lista, porque la corrupción alcanzada por la omnipotente organización, con 111 años de historia sin que se le hubiese sacado tarjeta roja, es grande y de tiempo atrás. En Miami, el FBI allanó las oficinas de la Concacaf. Esperamos que sea a nivel mundial la intervención de la justicia para lograr el tan referido fair play en toda la dimensión y espectro del deporte, dador de salud física y mental, forjador de fuertes caracteres e integrador de la sociedad global y regional. La FIFA debe democratizarse y cambiar radicalmente para beneficio del deporte futbolístico y la transparencia. Ómar León Muriel. Bogotá. Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.