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El manejo de las vacunas en plena pandemia: una conversación ética pendiente

26 de diciembre de 2024 - 12:00 a. m.

Siempre que sigan sucediendo esas verdaderas vergüenzas de la humanidad llamadas guerras, será fácil reconocer a las naciones que siendo lideradas por mentes solidarias, éticas y magnánimas, o actuando bajo legados de verdaderos estadistas que cimentaron columnas de sólidos proyectos de nación en otras generaciones, llevarán a cabo todos los esfuerzos posibles para ayudar a aquellos países que necesiten de manos amigas, de alimentos, o de medicamentos que sus pobladores requieran para sobrevivir.

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Y la más reciente de las pruebas sobre la mezquindad en el peor de los niveles en contra de la humanidad es el comportamiento mercantilista, nada humano y absolutamente egoísta que mostraron los países desarrollados y algunas compañías de la industria farmacéutica, con su manejo de las vacunas contra el Covid-19.

Primero me salvo yo y después el resto verá cómo se defiende. Se impusieron sobre las mesas de negociación el músculo y el poder financiero malinterpretado para ser objeto de preferencia en las cuotas de venta de las compañías, sobre millones de dosis, favoreciendo a los grandes jugadores del concierto internacional.

Luego de la más burda subasta, en una puja increíblemente inmoral de parte y parte: los dirigentes que llegaron a acumular más vectores de los que necesitaba su población y las compañías fabricantes de “la cura”; les llegó el turno a los estados del sur, de la periferia, los del patio trasero, que pudieron por fin llegar a la ventanilla de la suerte: vives o desapareces por cuenta de un virus que terminó siendo mortal.

¿Y qué fue de la compasión, esa pequeña luz en medio de la más fría oscuridad, que demostraron los grandes líderes durante y después de las dos guerras mundiales?

Cifras, números, ganancias, indicadores de gestión, finalmente primaron sobre el sentido de comunidad, de la compasión colectiva para ayudar a las naciones más vulnerables.

Seguramente quedarán impunes los grises protagonistas de un acto descomunalmente masivo y vergonzoso, que jamás debería ser olvidado por la humanidad. Nos queda el consuelo de saber que existe un museo del holocausto.

Mauricio Peña Riveros

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