Colombia contempló el paro cívico que durante 22 días llevaron a cabo habitantes de Buenaventura, una población que en honor a la verdad, estaba en mora de levantarse y exigirle al Gobierno Nacional efectivas reivindicaciones, sosiego y estabilidad social y económica para la población del puerto marítimo más importante del país.
Refulge inconcebible que una región tan rica en regalías es una de las poblaciones abandonadas y olvidadas desde tiempos inmemoriales, que carece de recursos elementales como un buen acueducto y alcantarillado, vivienda digna, salud, trabajo, educación y seguridad, entre otras muchas necesidades.
Además, la gente afrodescendiente, humilde y sencilla, que a través de décadas sobrevive en la pobreza absoluta, ha sido objeto de la violencia por parte de grupos reconocidos al margen de la ley, que de manera sistemática sembraron el terror y segaron la vida de innumerables jóvenes y adultos inocentes, a quienes tildaron equívocamente de ser miembros o auxiliadores de los grupos guerrilleros alzados en armas.
La iglesia católica, en cabeza del obispo de Buenaventura, monseñor Héctor Epalza Quintero, lideró desde hace tiempo la lucha de tanta gente desamparada por el Estado, al punto que arriesgó su propia vida, habiendo sido amenazado de muerte, merced a las denuncias que incesantemente hizo respecto de las injusticias que a diario se viven en el puerto.
Esta inocultable situación, sumada a hechos igualmente deplorables como los que padecen colombianos residentes en regiones como el Chocó, La Guajira y Tumaco, para no mencionar otras, donde mueren niños por falta de alimentos y de asistencia médica, dejan en evidencia la incapacidad de otrora y actual gobiernos de turno para enfrentar y solucionar la problemática de tantos connacionales signados al olvido que somos.
Lo más insólito es que la clase política de estas regiones marginadas nada ha hecho por sacar del abandono y la miseria a sus pobladores, pues de manera inmisericorde se han dedicado a robarse los recursos económicos que produce Buenaventura, brillando por su ausencia los programas y políticas que de contera alivien el malestar y la deuda social que desde antaño han hecho carrera en la región.
Pueda ser que los acuerdos firmados entre los representantes del Gobierno y los miembros del comité promotor del paro cívico se cumplan, pues están protestando por estos días los trabajadores estatales, los maestros y los arroceros, quienes igualmente demandan del Estado un trato igualitario, frente a un posconflicto que debe estar en consonancia y a la altura con los requerimientos que en buena hora hacen diversos pobladores y trabajadores colombianos. Señor presidente Santos, no más promesas y más ejecuciones y soluciones.
Orlando Morales.
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