Grande, muy grande, le está quedando al alcalde mayor, Enrique Peñalosa, arreglar el problema de transporte en la ciudad de Bogotá. Desde que arrancó el Transmilenio, se supo que era un monopolio que empezó ha integrarse por algunos de los grandes transportadores de buses urbanos y otros grandes potentados que no dan la cara, pero sí son celosos en preservar sus grandes dividendos como socios de esta magna empresa del transporte urbano.
No es mucho lo que se ha hecho para democratizar la empresa y sí muchísimos los problemas que se han generado al vincular un sinnúmero de empresas del transporte urbano, que llegaron sin gerentes conocidos que respondan por los desafueros de sus choferes y el pésimo servicio que prestan a nivel de localidades.
Otro aspecto que es muy notorio es la proliferación de buses azules del SITP, que parecen buses reciclados con conductores de la peor especie, que no respetan semáforos, no recogen al usuario y uno los ve en carreras locas no disputándose los pasajeros como el transporte urbano común y corriente, sino con el afán de llegar al paradero y regresarse lo más pronto que puedan, incluso sin pasajeros. ¿Será que les pagan por hacer los recorridos solamente?
Estos buses azules y amarillos del SITP están causando muchos accidentes en todas las localidades de la ciudad y en arterias importantes, donde de por medio quedan pasajeros y peatones muertos y heridos, y no aparece un gerente o funcionario que responda cabalmente por estos ciudadanos a los que desgraciadamente les ha tocado tomar este tipo de transporte, que no es una garantía para sus vidas en los recorridos que hacen.
Ahora bien, pasemos al sistema de transporte Transmilenio y observemos el pésimo servicio que presta a sus usuarios: por ejemplo, en la localidad de Suba es verdaderamente un calvario abordar un vehículo de estos. Las estaciones atestadas de usuarios por la demora en la prestación del servicio; al momento de acceder al vagón lo tienen que hacer en masa, pues es tanta la gente que entran empujados (parecen reses empujadas para entrar a un camión de carga, perdón por la comparación) para acomodarse donde puedan, porque la situación no da para ocupar libremente un puesto y cederle el asiento a la mujer embarazada, al discapacitado o al ciudadano de la tercera edad.
Señor alcalde mayor, Enrique Peñalosa, ¿no tiene usted funcionarios dinámicos que verifiquen esto que padecemos los bogotanos y extranjeros en esta hermosa metrópolis que es cuna de la cultura y las buenas costumbres?
Luis Castellanos García. Bogotá.
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