Este ultimátum suena un poco ridículo, porque lo hace un descarado y cínico a otro de igual índole. Ni el Gobierno ni el partido tienen la suficiente moral para exigirse. Si se hiciera un inventario de los incumplimientos de uno y del otro, los dos quedarían muy mal parados ante el Acuerdo de Paz, la sociedad colombiana y su propia conciencia. Se sabía que en el período siguiente a la firma surgirían una serie de desajustes, tanto entre los integrantes de las Farc que asumieron con valor estar en todo el proceso y las disidencias inevitables por todos los intereses económicos de origen ilícito que se cruzaban. Pero no se contaba en esta oportunidad con la ausencia casi absoluta del Estado en los sectores donde se alberga la población que acompañó a los líderes que asistieron a La Habana con la esperanza de encontrar una vida más digna y, sobre todo, tranquila y en libertad. Se pensaba que este Gobierno tendría el valor civil de liderar la implementación de todo lo acordado. ¿Lo ha hecho? NO, mil veces NO, y sin embargo tiene el cinismo de exigir que entregue esto y aquello. ¿Para qué? Para feriar todo como lo hicieron en la Dirección Nacional de Estupefacientes.
¿Qué tiene que decirle el Gobierno al Partido FARC y al resto del país? Que las trizas pregonadas por ese nefasto personaje Londoño sí las ha cumplido atacando la JEP, torpedeando toda inversión social y, sobre todo, lo que está a la vista de los colombianos, el asesinato en serie de los líderes sociales —algunos reinsertados, otros voluntarios— a quienes no les brinda la protección, seguridad y acompañamiento social en sus espacios territoriales.
¿Y las Farc qué tienen que responderle a Colombia? Se siguen matando entre ellos, continúa la puja por la enorme riqueza que lograron acumular durante esos largos años de derramamiento de sangre, mientras sus propios reclutados y sus familias pasan hambre, los niños no asisten a las escuelas y las mujeres siguen siendo violadas y obligadas a abortar, en la gran mayoría de los casos.
Para que el ultimátum funcione, uno de los dos tendría que ser impecable para exigir el cumplimiento del Acuerdo de Paz, aunque es el Gobierno —de Duque— el que tendría que presentarle al mundo un avance valeroso, transparente y digno en la implementación de programas de desarrollo que finalicen con la violencia enfermiza de Colombia. ¿Qué dice el Centro Democrático, manchado de sangre hasta el fondo? Pasarán a la historia como los promotores del nuevo período de violencia que azotará al país. Ya faltan menos de dos años, para el Gobierno cortos, pero para nosotros eternos.
Ana María Córdoba Barahona. Pasto.
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