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El verdadero milagro del ingeniero

04 de julio de 2022 - 12:00 a. m.

En su columna titulada “El milagro del ingeniero”, el escritor William Ospina justificó mucho las impertinentes formas y lamentables salidas en falso del candidato Rodolfo Hernández, derrotado el 19 de junio, durante esta accidentada campaña por la presidencia de la República. De todo lo que dijo, quiero concentrarme en la parte que más me llamó la atención. Voy directo al grano:

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Honorable William, sus tesis de que Rodolfo carece de hipocresía y no tiene vínculos con la corrupción se caen por su propio peso. Es cierto que Rodolfo no está condenado, pero hizo campaña ondeando el estandarte anticorrupción al mismo tiempo que sus votantes pasaban de largo las contundentes pruebas en contra de él y su hijo. Existen audios donde presiona a funcionarios a prevaricar en favor de la empresa con la cual su hijo suscribió. El mismo que —por inverosímil que parezca— autenticó en una notaría un contrato de corretaje, nada menos que una coima en un contrato financiado con dinero público.

La débil argumentación para justificar su lenguaje coloquial “campechano” como muestra de genuina “sinceridad” es la claudicación de su agudeza por defender a un político, algo que jamás pensé ver en usted. Estimado William, la vulgaridad del por usted indultado ingeniero se hizo famosa por frases delictivas, que no precisamente se caracterizaron por su “desenfado”, verbigracia, cuando le dijo a una funcionaria “me paso por el culo esa ley”. El episodio, de paso, dejó ver su talante autoritario, cuando la funcionaria, muy valientemente, se negó a delinquir y le dijo que se lo pasara por escrito, a lo que el ingeniero contestó: “Entonces la boto hoy”. El audio más grave registra al ingeniero presionando a un funcionario de su alcaldía para que aceptara una garantía que no se correspondía con lo exigido por la ley, inmortalizada en la arenga poco desenfadada de: “Acéptele la hijueputa garantía”, refiriéndose a la póliza presentada por la empresa a la que pretendía beneficiar para, de carambola, hacer más rico a su hijo.

El “milagro” del ingeniero fue lograr una votación histórica con tan penosos antecedentes, lo cual se explica por mucho en la animadversión contra Petro, teledirigida desde lo medios tradicionales. Esa psicología de masas tiene explicaciones sociológicas muy parecidas a las de la elección de Donald Trump en Estados Unidos.

Lo inexplicable, sin embargo, el verdadero “milagro” del ingeniero fue lograr que uno de los escritores más importantes de Colombia, uno de los columnistas más agudos que ha tenido este país, tenga una sobredosis de condescendencia con un presunto corrupto y un personaje impresentable; que una de las mentes más brillantes de nuestra literatura, orgullo nacional de voz potente, lentes y pelo largo, haya perdido todo sentido de orientación hacia la sensatez en uno de los momentos más críticos de nuestra historia política. William Ospina canjeó parte de su prestigio por el apoyo incondicional a un proyecto legítimo pero absurdo.

A pesar de todo, este sorpresivo y aislado bache intelectual no me hará perderle el respeto y la admiración al gran William Ospina, a quien tantas veces leí —y todavía hoy leo— con placer y chupándome los dedos, desde que mi fallecido padre me lo sugirió como columnista cuando escribía columnas para la revista Semana.

Carlos Alfredo Hernández Arias.

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