Los milenials somos considerados “la generación perdida”, son más los calificativos negativos hacia esta generación obsesionada con los lentes fotográficos y la vida pública, una generación que ha sido justamente cuestionada por desconocer temas de dominio público como Hidroituango y su problemática actual o los casos de corrupción de los musas y los ñoños. Y aunque la mayoría de esas concepciones son ciertas, hay que dejar algo por sentado: los milenials le están cambiando la cara a la política.
Basta con observar las campañas de Sergio Fajardo y Gustavo Petro, llenas de jóvenes que con nada más que su espíritu y sus ganas de cambiar el país salieron a las calles a bailar, a cantar, a mostrar que se puede hacer política de otra forma, alejada de las maquinarias, alejadas de los discursos cansones que ya nadie quiere escuchar. Fueron los jóvenes quienes demostramos que las fuerzas alternativas en el país ya no son un pecado mortal, fueron los jóvenes quienes les dicen no a “los mismos con las mismas”. Y aunque la votación en primera vuelta puso a Iván Duque como el ganador de los comicios con 39,13%, yo prefiero verlo como que el 60 % de los colombianos salimos a decir a través de las urnas “Ya no más”. Y digo salimos porque a mis 24 años jamás me sentí más orgullosa de poner una X sobre un rostro, que ese 27 de mayo cuando la puse sobre el rostro de “el crespo”.
Bien decía Miguel García, director del Observatorio de la Democracia de la Universidad de los Andes: “Las nuevas generaciones están experimentando profundas transformaciones en la forma como se aproximan y vinculan a los debates políticos”, y a quién si no es a los jóvenes se les ocurriría llevar serenata a Claudia López para “conquistarla” y lograr que diga el “sí” a unirse con Gustavo Petro. Fueron los jóvenes los que abiertamente rechazaron la patética decisión de César Gaviria y el partido Liberal de unirse en segunda vuelta al Centro Democrático de Uribe, fueron los jóvenes los que tomamos la bandera y salimos a las calles a pedir una unión entre las fuerzas alternativas del país.
Iniciativas como “El País Primero” y “Nos Tocó Liderar a Nosotros” demuestran que los jóvenes tenemos nuestra propia forma de participación política y que a través de esta estamos movilizando cada vez más personas; mostramos que no creemos en lideres ni caudillos, sino en ideales, nuestras armas más letales no son motosierras, machetes o puestos políticos de alto rango, son nuestras voces que no se cansarán de cantar, nuestras ganas de ver el cambio, nuestras redes y juntos lo lograremos todo, tal vez no ahora, pero pronto, señores, muy pronto.
Karen Ospina Jiménez.
Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.