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Eutanasia y sufrimiento

11 de noviembre de 2021 - 12:00 a. m.

Comprender la naturaleza de las enfermedades crónicas y debilitantes nos ayuda a entender que en casos como el de la señora Martha Sepúlveda es la patología que padece la que ocasiona el sufrimiento; la lucha médica no es contra la muerte, de ser así ya estamos vencidos, luchamos contra el sufrimiento. Dicho esto, insinuar que la motivación de los profesionales involucrados en el proceso era imprimir un sufrimiento adicional no solo es ligero sino irresponsable, una violación a la presunción de inocencia y un desconocimiento al principio de buena fe sobre el cual se basa todo el sistema de salud colombiano.

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Recordemos que cuando se cancela el procedimiento, la Corte condiciona el criterio de terminalidad para su ejecución; la señora claramente no se aprecia en un estado terminal, la decisión médica cambia; en el proceso la sentencia cambia y todo cambia. Los colombianos no nos regimos por las leyes futuras, sino por las vigentes: “nadie podrá ser juzgado sino conforme a las leyes preexistentes al acto que se le imputa” está escrito en la sentencia que nos tiene aquí, misma sentencia que deja más preguntas que respuestas, que no pueden ser tomadas como justificación para obligar al cuerpo médico a proceder de manera ligera y mucho menos precipitada ante la vida o muerte de un ser humano.

Valga la siguiente aclaración: el sufrimiento no es necesario, pero el rigor científico y legal sí. Estamos hablando de quitar una vida, el simple hecho de estar vivo convierte a ese ser humano en alguien digno, merecedor de todo el respeto y el rigor que amerite cualquier intervención que impacte en su salud, incluida la solicitud de la eutanasia, incluyendo el indiscutible derecho a una muerte digna, de lo cual la eutanasia no es sinónimo.

Creer que al sistema de salud le interesa ponerle obstáculos a la eutanasia denota un alto grado de ingenuidad o desconocimiento absoluto del sistema. La cruda verdad es que la eutanasia legal en Colombia puede llevar a que esta se convierta en un negocio, dado que es mucho más rentable pagar por una eutanasia que invertir millones en un paciente crónico. Entonces, ¿dónde quedará la dignidad que decimos defender con esto? No pasará mucho antes de que empresas inescrupulosas vean en esto la oportunidad para restar números a sus cuentas de alto costo.

Entonces, ¿cuáles serán los límites? ¿Quién determina cuál vida es digna y cuál no? ¿Qué pasa con quienes ya no pueden decidir por sí mismos? ¿Se convertirá en una suerte de limpieza social, pero por métodos médicos, de aquellos a quienes ya no se les considere dignos? ¿Qué pasará con la patología psiquiátrica? Hemos abierto la caja de Pandora. La sentencia de la Corte terminará disfrazando de eutanasia muchos suicidios asistidos y varios homicidios. No le han sumado dignidad a la vida sino lo contrario, a la luz de la actualidad será más fácil desechar una vida que preservarla de manera digna. Para verdades, el tiempo.

Tatiana Paola Villarreal Velásquez.

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