Este martes finalizará el mandato de Juan Manuel Santos, que como toda obra humana presenta luces y sombras. Asume la Presidencia de nuestra patria Iván Duque Márquez, elegido por los colombianos en una jornada electoral en la que se dio al mundo un positivo mensaje: respeto a la democracia, al pluralismo ideológico.
La voluntad soberana del pueblo expresada a través del voto libre, dentro de un proceso electoral transparente y pleno de garantías, debe ser acatada y respetada. Su fallo es inapelable. Nadie debe sentirse derrotado.
Tuvimos a nuestra consideración un amplio abanico de propuestas lideradas por prestantes candidatos que interpretaban la compleja realidad de nuestra nación. Sin duda, adelantaron una intensa tarea, que los hace merecedores de la gratitud ciudadana.
El presidente ha de tener en cuenta que “simboliza la unidad nacional y, al jurar el cumplimiento de la Constitución y de las leyes, se obliga a garantizar los derechos y las libertades de todos los colombianos” (art. 188, Constitución Nacional). Lo será para los colombianos, sin excepción alguna, tanto para quienes hayan votado por él, como para quienes hayan votado por otro candidato, en blanco o se abstuvieron.
El presidente ha de significar tranquilidad, seguridad, progreso; sería muy preocupante lo contrario: amenaza e inseguridad. Para el éxito de su difícil trabajo necesita tender puentes que hagan posible un escenario positivo para los indispensables consensos que faciliten gobernanza y gobernabilidad y, desde luego, estimular la urgente reconciliación ciudadana y la colaboración del inmenso talento existente en nuestra sociedad.
Aspiramos a sentirnos orgullosos de nuestro presidente, cuya solvencia ética, compromiso y liderazgo sirvan de ejemplo para los gobernantes territoriales, dirigentes políticos y sociales, servidores públicos, gerentes de empresas…
Nuestra responsabilidad no se agota con la elección del presidente, nos corresponde colaborar, desprovistos de prejuicios y resentimientos, caminando hacia el mismo destino que permita mejorar la calidad de vida de millones de compatriotas, la convivencia ciudadana, el crecimiento de la economía, el progreso de las empresas, el respeto a la dignidad humana, la derrota a la criminalidad y la corrupción, la recuperación de la confianza en todas las esferas del poder público, con especial énfasis en la administración de justicia y, desde luego, ser merecedores del reconocimiento de la comunidad internacional.
Atrás debe quedar la intensa e improductiva polarización que ha fragmentado irracionalmente el ánimo y el talento de la sociedad colombiana. El nuevo gobierno y el Congreso de la República, recientemente elegidos, tienen el enorme desafío de trabajar para corregir errores e intentar innovaciones sociales que permitan solucionar numerosos problemas. Del pasado reciente quedan muchas lecciones, entre otras: el odio, el fanatismo, la exclusión social, la violencia, la corrupción, la politiquería, que sólo pobreza y atraso generan. Obstaculizar el mandato del presidente sería una actitud irresponsable, mezquina e irresponsable. Su éxito será el éxito de Colombia.
Ómar Flórez Vélez. Exalcalde de Medellín.
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