Feliz cumpleaños, capital, agosto 6 1538-2014. Bogotá cumple 476 años y de la Atenas Suramericana a nuestros días podríamos llamarla sin ningún temor la ciudad perdida.
Perdida en la desidia, contaminación, inseguridad, caos vehicular, vías destrozadas, basuras por doquier y anarquía total. Inicialmente el adelantado español, su fundador Gonzalo Jiménez de Quesada, la llamó Nuestra Señora de la Esperanza y en 1539 tomó el nombre de Santa Fe. Estamos a cuatro años de conmemorar el quingentésimo o 500 aniversario. Tiene una población de casi 8 millones con población flotante y es la ciudad más turística del país, por ser centro administrativo y de negocios. Bogotá, la ciudad de todos, agoniza por ser la ciudad de nadie.
Helena Manrique. Bogotá.
La posesión de ‘Juampa’
A un día de que el presidente Juan Manuel Santos asuma la Presidencia de la República por otros cuatro años, los colombianos esperamos expectantes ante el comienzo de este nuevo mandato.
Fue evidente que hubo un despertamiento del electorado a nivel nacional para darle el triunfo al candidato presidente.
El pueblo quiere realmente un cambio y que las locomotoras que empiecen a recorrer el territorio nacional sean locomotoras impulsadas por fuerzas colombianas no hipotecadas a multinacionales ni a castas políticas corruptas que vienen esquilmando el presupuesto en los departamentos y muchas regiones del país.
El candidato y presidente Juampa sabe que fue recurriendo al pueblo que obtuvo la votación mayoritaria que dejó en la arena al candidato opositor y le abrió el camino para realizar el proceso de paz, que tal vez es la locomotora del nuevo Gobierno más importante. Luego seguirán la locomotora de la educación, la locomotora del control de la minería ilegal, el petróleo, las esmeraldas y el oro.
Con el cambio climático y el fuerte verano que se está experimentando en algunas regiones, se hace necesario juntar fuerzas y voluntades para prevenir desastres, cuando ese verano se venga con más fuerza y afecte a más regiones, donde las aguas, los pastos y los ganados de grandes y pequeños campesinos sufran los rigores del sol y su consecuente sequía.
Para que haya paz en el país es necesario que los que estén arriba voluntariamente bajen, y los que estén abajo suban, y en el centro se abracen, se perdonen, se reconcilien y continúen con la gran tarea de mejorar este país, que está esperando que manos sin odio labren sus tierras y las hagan producir.
Luis Castellanos García. Bogotá.