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Gabo, por siempre

27 de abril de 2014 - 10:00 p. m.

El homenaje póstumo, que le tributó Colombia a Gabriel García Márquez, tuvo como escenario la Catedral Primada de Bogotá, teniendo como exordio la liturgia de la palabra, a cargo del cardenal Rubén Salazar, quien proclamó el Evangelio de las Bienaventuranzas, al tiempo que intervino exaltando la obra y la vida de Gabo, pregonero de la paz.

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Seguidamente, hizo su alocución el presidente de la República, Juan Manuel Santos Calderón, destacando del novelista, haber sido el personaje caribeño que más alto honor y nombre le dio a Colombia y a Latinoamérica ante la faz del mundo.

El solemne acto contó como colofón con la participación de la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia, interpretando el Réquiem de Mozart en distintos movimientos y las voces del coro de la Sociedad Coral Santa Cecilia, culminando con su vallenato favorito, de autoría del maestro Escalona, La Casa en el aire.

Valga la ocasión para recordar de manera sucinta a Gabo, como precursor del realismo mágico en sus novelas: amante del cine y fundador de la Escuela de San Antonio de los Baños en Cuba; eximio comunicador social del periódico independiente y liberal, El Espectador, donde plasmó sus mejores crónicas; profesando una gran admiración por sus amigos, al punto que exclamó: “un amigo vale más que un Nobel”.

En sus malogrados intentos por contribuir a la paz de Colombia, frisando los años 80, en las épocas aciagas del mal llamado “Estatuto de Seguridad”, durante el gobierno de Turbay Ayala, Gabo hubo de experimentar el exilio que lo llevó a radicarse desde hace 50 años en tierras mexicanas, desde donde vertió su pluma y su talento, inspirado por los memorables relatos de su abuelo y las vivencias propias de su tierra natal, Aracataca (Magdalena).

En ese marco histórico y literario, emergen las ideas de “Macondo” y los paisajes pletóricos de “mariposas amarillas”, escribiendo en letras de oro su inmortal obra: Cien años de Soledad, junto a El Coronel no tiene quien le escriba, La hojarasca y Crónica de una muerte anunciada, entre muchas otras, que lo llevaron a obtener el Premio Nobel de Literatura, máximo galardón de las letras universales.

Cómo olvidar su paso por la revista Alternativa, dirigida en compañía de comunicadores y periodistas del talante de Enrique Santos Calderón y, otros destacados personajes liberales, adalides por la justicia social y pregoneros de la paz y la reconciliación en nuestro país.

Sólo resta expresar los sentimientos de pesar y dolor por la muerte de Gabriel García Márquez, padre de la pluma mágica y pintoresca, amén de que encarnó y legó en su pueblo sus probadas virtudes humanitarias y sociales. Condolencias a su familia e inmensa gratitud. Paz en sus cenizas.

Orlando Morales. Bogotá.

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