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Glifosato

01 de abril de 2014 - 09:16 p. m.

“El Consejo de Estado declaró la nulidad de la norma que permitía la aspersión aérea con glifosato en los parques naturales para eliminar los cultivos ilícitos en esas zonas”, reza el párrafo inicial de un artículo de este prestigioso diario en la edición del martes 1º de abril.

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El acto tribunal aduce que “la práctica representa una amenaza para el medio ambiente porque “lleva a la pérdida de la cobertura vegetal y afecta la fauna”. De lo anterior se puede colegir que fuera de los parques naturales el problema de la aspersión aérea de los cultivos ilícitos no es tan grave. ¿Será que por arte de birlibirloque el letal producto actúa en forma diferente cuando la zona en que se aplica está rotulada como parque natural y afecta la capa vegetal y la fauna, mientras que es inocuo, dejándolas intactas, cuando se aplica en zonas que caen fuera de esta clasificación?

Cae de su propio peso que el alto tribunal considera deleznables los efectos colaterales de la aplicación del defoliante cuando la capa vegetal destruida y la fauna afectadas son aquellas en las que los campesinos cultivan los arbustos de coca que mezclan con cultivos y crías de animales de pancoger, destruyendo sus condiciones de subsistencia y reduciéndolos a la completa miseria. La unilateral visión de los magistrados del alto tribunal se reafirma en el resto del texto en comento, empleando un lenguaje forense de alto vuelo, pero no por eso menos vacuo y en flagrante contradicción con la realidad de los hechos.

Hernando Pareja. Cartagena

Infortunios provocados

Hoy nos embarga no una pesadilla, sino una realidad ambiental en destrucción. Un progreso no sostenible, alimentado por la codicia de grupos humanos, desentendidos de las afectaciones a la madre naturaleza, que podría pasar cuenta de cobro definitiva y cruenta si no lo controlamos. El Atlas Global de Justicia Ambiental nos ubica en el trágico segundo lugar con 72 conflictos significativos, de 1.000 en el mundo. La distintas explotaciones, ganadería, agricultura, grandes obras, fumigaciones, despilfarro y contaminación del agua y medio ambiente, producciones y consumismo, sin orden y control de los gobiernos, nos han conducido a flagelos de inundaciones, sequías, incendios, tsunamis a nivel mundial, etc., con desapariciones de poblaciones otrora prosperas. El modelo económico, en buena parte extractivo, ha contribuido a nuestros padecimientos. De acuerdo con Reseña de Colombia, por el profesor Mario Pérez, Universidad del Valle, en el gobierno del expresidente Uribe Vélez se creó el 63% de los conflictos ambientales.
Omar León Muriel Arango. Bogotá.

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