El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Ilusiones de Año Nuevo

28 de enero de 2024 - 09:00 p. m.

Una ilusión irracional y casi infantil me aborda cada víspera de Año Nuevo: la esperanza de que mágicamente, porque el calendario cambió de un año a otro, las cosas van a ser radicalmente diferentes… Eso nunca ha pasado y quizá nunca pase. Esa ilusión de Año Nuevo al pasar el tiempo se transforma en un cínico “a ver cuál será el primer titular negativo con el que abriremos este nuevo ciclo”.

PUBLICIDAD

Este año lo empezamos con un nuevo asesinato, esta vez de un firmante del Acuerdo de Paz, en una escalada de violencia que ya otras personas pueden y han descrito mucho mejor que yo y que el año pasado ya cobró la vida de 188 defensores de derechos humanos, según el informe anual de Indepaz. Esta realidad no va a cambiar por sí sola y, aunque digamos que eso lo tenemos claro, seguimos actuando de la misma manera frente a estas situaciones sin saber cómo se van a solucionar más allá de la retórica o de la casual discusión política con el familiar que piensa distinto a uno.

Depositamos nuestra confianza en este o aquel proyecto político, desentendiéndonos cínicamente de lo que pasa en el país porque “eso es culpa de…” Petro, Duque, Santos o el político que sea. En redes sociales pareciera que la indignación abundara, pero esto contrasta con la escalada de violencia que mencioné, frente a la cual las redes parecen haber aportado más en avivar la llama de la violencia que en calmarla. La indignación parece que ya no es una medida suficiente frente al derramamiento de sangre en el que vivimos.

Saltamos de polémica en polémica sin prestar especial atención a las causas o a las soluciones, y la indignación, con el paso de las semanas, se convierte en indiferencia a la luz de una nueva controversia. Nos enfrascamos en que la discusión política se limita a defender o atacar al político de turno, pues consideramos que la política la hacen unos cuantos en la Plaza de Bolívar, en las alcaldías o en los concejos. Por pereza, indiferencia o mera ignorancia, desconocemos nuestro papel político como individuos en la sociedad.

Nadie tiene la respuesta absoluta a los problemas de Colombia y no va a surgir de un día para otro, pero debe encontrarse más allá de pelear en redes sociales mientras seguimos contando muertos en todo el país. Parece que la indignación que sirve pasajeramente para movilizar a la gente y visibilizar una problemática no es suficiente para solucionarla, así que la decisión de modificar la estrategia por el cambio en el país que tanto se busca queda en cada uno de nosotros como individuos.

El Año Nuevo es una ocasión para reflexionar sobre lo que hemos hecho durante el año que pasa y proponernos qué queremos hacer diferente en el año que viene.

Que el inicio de este 2024 sea una oportunidad para revaluar cómo vamos a enfrentar la situación que vivimos todos. Colombia tiene muchísimos problemas, muchos de ellos estructurales, pero si no somos capaces de ver más allá de los partidos y pensar nuestro rol individual en el país y en la coyuntura política, estaremos condenados a que cada Año Nuevo sea igual al anterior, y eso ningún político lo va a hacer por nosotros, aunque sea esa su promesa.

Santiago Cañas Granada.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com

Conoce más
Ver todas las noticias