El profesor Moisés Wasserman, en El Espectador del 19 de febrero, afirma que “si la educación pública no es equivalente a la privada, el germen de la inequidad va a florecer”. Profesor Wasserman: la inequidad floreció desde 1967, cuando se estableció la doble jornada; cuando se incrementó en 1994 y 2002; cuando se legalizó la promoción automática, la más grande estafa en el proceso de educación. Recordemos que debían aprobar por lo menos el 95 % de los estudiantes, estudiaran o no.
Como cerraron las escuelas normales que formaban verdaderos maestros, se incorporó a personas que, sin preparación pedagógica, enseñan retazos de lo que saben pero sin saber cómo hacerlo.
En Colombia el analfabetismo no es del 3 % sino del 5,24 % según datos del DANE en 2017. En el 2013 el rector de la UNAD, Jaime Alberto Leal, afirmó que cerca de 2,7 millones de colombianos eran analfabetos funcionales, personas que solo han hecho los primeros grados de la primaria y no han vuelto a su proceso de formación.
Con la promoción automática y la pérdida del control académico por parte de los docentes, tenemos muchos bachilleres, entre ellos los sabatinos y los de validación, que en estricto sentido no saben leer ni escribir.
A este panorama pedagógicamente deficitario agreguemos que la educación de cero a siete en muchos núcleos sociales es cero cero porque progenitores y abuelos se trenzan en pleitos por alimentos, visitas, custodia y violencia intrafamiliar. Y la influencia negativa de la sociedad, los medios y la música guerrera y de cantina, que promueven el afán de adquirir dinero o conformarse con el abandono vital en el que se desarrollan nuestros niños y adolescentes.
A nivel profesional, un número importante de especializaciones y doctorados son dudosos en la formación académica, porque por el solo hecho de pagar una matrícula costosa se entrega el diploma.
Adicionemos a este doloroso paisaje que al maestro, al docente, no se le reconoce su verdadero valor como educador y formador de conocimiento.
Sin tener en cuenta estas realidades y otras colaterales seguiremos haciendo diagnósticos que no se hacen realidad, como los que obran en el libro Colombia: Al filo de la oportunidad, publicado en 1996.
Carlos Fradique-Méndez
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