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Interacción pluriétnica y cultural ante los prejuicios neocoloniales

17 de agosto de 2023 - 09:00 p. m.

No es una sorpresa o casualidad que Colombia es considerada desde la Constitución de 1991 como país pluriétnico y cultural. Aquellas últimas palabras conllevan ejercer el derecho a la horizontalidad, la cual implica que cualquier persona pueda acercarse con libertad a otras culturas, bien sean indígenas o afros, hasta ser partícipe de sus procesos de modo que eso le genere un enriquecimiento como persona que no solamente rompe sino sobrepasa las barreras de los prejuicios.

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Así como hay algunos que ejercen este derecho, otros siguen con el oscurantismo regionalista y racial mediante señalamientos deshumanizantes. Lo digo por experiencia propia, ya que recibí cuestionamientos tanto positivos como negativos debido a mi participación activa con el cabildo indígena de una de las universidades del país.

Hablando de señalamientos deshumanizantes, recuerdo meses atrás haber escuchado en un programa radial de música andina acerca de un texto llamado El hedor de América, cuyo autor, Rodolfo Kusch (antropólogo), describe detalladamente el miedo y la repugnancia de una parte de la sociedad “civilizada” hacia lo indígena en forma de prejuicios e indiferencias que llevan a la discriminación, a la intolerancia y al genocidio.

Todas estas expresiones mencionadas siguen vigentes a pesar de que estamos en pleno siglo XXI. Es muy notable escuchar los síntomas civilizatorios en frases y preguntas peyorativas como, por ejemplo: “Usted prefiere a los indígenas que a su propia familia”, “esos indígenas tienen su cuento, no se sabe qué problemas tendrán en sus territorios”, “esos vienen a las ciudades a joder, ¿por qué no se regresan a sus tierras?”, “¿qué hace allá siguiendo la cola de esa gente?”, “cuidado con esos indios”, “¿por qué se junta con esa gente?”, “no se comprometa, es asunto de ellos”, etc.

Por consiguiente, estas frases y preguntas despectivas son fiel reflejo de la continuación del concepto de civilización y barbarie, del pensamiento neocolonial, incluso del muro de Adriano episteme-geográfico. Además de eso, son una pared divisoria que es necesario atravesar y destruir por medio de la descolonización de las ideas, de la apreciación de lo ancestral, de la conciencia histórica en los procesos de lucha y resistencia de los pueblos milenarios y el acompañamiento, el cual consiste en interactuar, hasta entablar amistad con ellos, aprender a danzar, a tejer, a hablar un idioma ancestral y participar de las actividades.

Para terminar, puede que no sepa cuántas personas están ejerciendo el derecho a la horizontalidad, pero lo cierto es que me honra ser parte de ellas. Llevo 12 años de interacción y participación con el cabildo indígena universitario; por lo tanto, no es cuestión de muchas vueltas al sol sino de un largo caminar en forma de espiral, de un largo proceso que es una fortaleza para seguir. Así yo sea un profesional, no lo cambiaré por un puñado de oro.

P. D. Este escrito reflexivo está dedicado a todos los compañeros y las compañeras indígenas, incluyendo a la profesora Adriana Anacona Muñoz (pueblo yanakuna), para felicitarla por dar el siguiente paso histórico en ser la primera docente indígena nombrada en la Universidad del Valle, un gran ejemplo de proceso, lucha y resistencia. Así como ella, habrá más profesores y estudiantes que rompen y seguirán rompiendo barreras neocoloniales.

Guillaume Lethiére.

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