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Juntos, pero no revueltos

22 de octubre de 2015 - 09:55 p. m.

Juntos, pero no revueltos

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A propósito del editorial “Las incómodas viviendas de interés prioritario” (El Espectador, 10/21/15), confinar a las personas de acuerdo a su condición socioeconómica no debe convertirse a los ojos de todos en un estigma; el punto es que aparte de luchar con las consecuencias que con lleva la desigualdad social se pelea con la idea fundada que son “malas personas”, condición que no los deja “revolverse” con otros grupos sociales que cuentan con mayores oportunidades económicas. A lo que voy es que somos todos los que los estigmatizamos, pero de fondo, si tratamos de encuadrarlos dentro de un contexto económico y social diferente que puede ser voraz con el fin de evitar estigmas, podemos (hablando desde el punto de vista social) llevarlos a vivir con un dolor de cabeza permanente.

Pensemos en la dinámica política del país que tiene dentro de su glosario más arraigado el término “política cambiante”: una vez hechas las viviendas VIP, sus moradores estarán a merced de esa política cambiante que acarrea cambios en el pago de impuestos, proyectos urbanos, cambios en la composición social y demás.

Por otro lado, está latente la afectación que sufren las personas que tienen arraigo en estos sectores, como es el detrimento patrimonial, pero se deja de lado algo de magna importancia como lo es la convivencia. Ni Bogotá ni ninguna ciudad del país están preparadas para lograr que dos mundos diferentes concurran, cuando existen diferencias en educación, en la economía y en la apreciación de igualdad.

Con este escenario se vislumbra una discriminación de frente y horizontal donde no se quiere que unos se mezclen con otros y aunque de igual forma se da, el punto es que sería más ofensivo si todos los días se observa, se siente y se vive.

Es mejor, en mi humilde opinión, ratificarles el derecho a tener vivienda propia en un sector que no sea el más deprimido y que los lleve a que sus vidas se conviertan en un círculo de falta de oportunidades y pobreza, pero tampoco empujarlos a otro círculo donde así estén juntos sean excluidos, ofendidos y en riesgo de que las políticas cambiantes los lleven a un abismo profundo que funde rencor y mayor represión.

Jhoan Cubillos. Bogotá

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