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La construcción de la paz

14 de mayo de 2014 - 11:00 p. m.

La construcción de la paz, como afirma Salomón Kalmanovitz en su columna del lunes 12 de mayo “El lodazal”, requiere de un cambio profundo en la sociedad colombiana…

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Entonces uno se pregunta ¿por dónde se debe comenzar? ¿Quién debe comenzar? ¿Cuándo? ¿Dónde? Si los cambios parten del interior de cada persona, aparentemente parece difícil si pensamos en quienes aspiran a gobernar el país en medio de una campaña agobiante por la capacidad de insulto y desprestigio mutuos. Ese ambiente se pega en todas partes: espacios laborales, clubes sociales, en la calle y finalmente, llega a las familias. El peor ejemplo es Pacho Santos. Si no le gusta su primo como gobernante, al menos que se limite al debate y a la controversia, pero no utilice los lazos familiares, en una falsa demostración de valentía.  Ahora, unos cuantos se sentirán con el derecho de enlodar a su propia madre.

No obstante, todavía queda un hilo de esperanza para un cambio profundo y está en cada ciudadano que pueda votar. De acuerdo a las pocas informaciones objetivas sobre el  proceso de la paz en La Habana, éste pasa por una etapa vital, de consolidación, de ajustes importantes… Y aunque queda un buen tramo por avanzar, no se puede subestimar lo que se ha logrado. De solo pensar en ese aspecto,  el resto de mediocridades gubernamentales en los diferentes campos de la vida colombiana, especialmente la salud y la educación, por ahora debemos asumirlas con valentía y sacrificio hasta lograr ese ambiente que permita sentar bases de una auténtica reconciliación nacional.  Solo en paz es posible pensar en mejorar las pruebas Pisa, en tumbar esos mecanismos perversos de ofrecer salud, en ofrecer viviendas dignas.

Las posiciones políticas encendidas y descarriadas por el odio y la venganza que en la actualidad encarna el expresidente de la República y hoy senador electo no ayudan a ese propósito de cambio profundo en la sociedad colombiana que nos plantea Kalmanovitz. Suena tan bonito. Pero tampoco ayuda la lavada de los trapos sucios del resto de candidatos.

Me parece que quienes hemos asumido la posición de votar por la paz, no vamos a perder la capacidad crítica hacia el gobierno reelegido, faltaba más. Lo que pasa es que el camino recorrido es muy valioso como regresarse y tal vez no tener alternativa. Y la verdadera nobleza para ese cambio profundo parte de pensar más allá de un gobernante que promete, promete y promete. Dios nos libre de aquellos que, cínicamente y en forma camuflada, se declaran enemigos de la paz

Ana María Córdoba Barahona. Pasto.

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