Muy importante el artículo de Jorge Téllez (El Espectador, 02-01-15) sobre la deuda de los economistas, no por novedoso sino porque es claro y concreto, porque manifiesta una verdad de manera sencilla y precisa, porque es hora de acabar con el mito de que los economistas son los dueños de los problemas para solucionarlos a su manera con discursos elaborados con frases —muchas veces confusas— para impresionar, solo para eso. Y decía que no es una novedad este asunto, ya que en varios eventos académicos se ha planteado con un relativo sentido crítico el aporte del economista en la solución de los problemas del país, con mayor razón en una nación como Colombia, donde la percepción social debería estar a flor de piel, tanto en los economistas como en todos los profesionales que a futuro tendrán como prioridad el posconflicto.
Pero la deuda no solo es de los economistas; justamente el señor Téllez hace una interesante balance de su pobre desempeño para disminuir la pobreza a fondo, sin maquillar cifras con fórmulas sofisticadas para contentar al Gobierno. Muchos de nuestros muy ilustres economistas han estudiado en el exterior. Eso es bueno, buenísimo, siempre y cuando sus conocimientos contribuyan a la presentación de propuestas con los pies en la realidad nacional y no se queden en la del país donde mejoraron su nivel académico.
Sin embargo, nada se gana con echar la culpa de una profesión a otra; todas han demostrado que son ejercidas, en buena parte, por gente sin escrúpulos, sin valores, con ambiciones desmedidas. Y si no se cree, pues solo hay que mirar los escándalos que cada día se suscitan en el país. Unas veces son los del área de la economía y la administración, pero atrás no se quedan los de la rama jurídica, ni hablar de las ingenierías… y de la salud ya no quedan palabras.
Por eso los interrogantes, más bien, han de dirigirse a la universidad, como el principal estamento de pensamiento de la sociedad. ¿Qué tipo de profesionales le está entregando? ¿Sobre qué pilares gira la formación del joven profesional? ¿Es verdad lo que se plantea en la misión y visión universitarias? ¿Se forma a la persona del estudiante mientras dura su tránsito por la universidad? ¿Cuál es —ejemplo— la ética de sus cuadros directivos y administrativos?.
Ana María Córdoba B. Pasto.
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