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La fatalidad de la gratuidad

28 de mayo de 2014 - 11:23 p. m.

Existe en la tragedia que tuvieron que padecer los niños de Fundación un trasfondo de la sociedad colombiana: el derecho a recibir servicios subsidiados de calidad.

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El calvario del sistema de salud subsidiado es una grave enfermedad que aqueja al país: la falta de medicamentos, demora en la atención de las citas médicas y en el trámite de cirugías de alto riesgo. De igual forma, la mayoría de las instituciones de educación pública no o frece la misma calidad que las privadas, principalmente en la educación básica primaria y secundaria. En este estado de cosas se reflejan la injusticia y la vulneración de los derechos a las personas más necesitadas. La gratuidad del servicio lleva implícita la precariedad del mismo; muchas de las cosas y de los servicios que se reciben sin ningún costo tienen una gran sombra que disfraza el aparente altruismo y la solidaridad con los semejantes.

Pero hay cosas que no tienen precio y que son absolutamente irreemplazables. A los niños de Fundación, la Iglesia Pentecostal les ofrecía gratis el servicio de transporte para ir los domingos a la iglesia, pero el bus que terminó incinerándose no contaba con las mínimas normas de seguridad, no tenía SOAT, ni revisión técnico-mecánica, el conductor no tenía licencia, y además transportaba combustible. Una cantidad de anomalías y aberraciones que acabaron con la vida de estos niños.

Los niños, felices por su salida dominical, nunca pensaron que el transporte que les estaban brindando gratis tendría ese cruel final. Al igual que los padres, que no vieron ningún problema en darles el permiso porque no representaría un gasto económico. ¿Acaso no merecían los niños un transporte de calidad sólo por el hecho de que era gratuito? Obviamente, si la Iglesia Pentecostal contrataba un bus que estuviera en un mejor estado y con la reglamentación al día, debía pagar un mayor precio. No es justo que lo realizaran de esta manera; si querían prestar ese servicio a la comunidad, debían hacerlo de manera responsable. Así como los servicios subsidiados del Estado, ¿los colombianos no merecen servicios de calidad? Existen muchos transportes públicos que son subsidiados y que no cumplen con la reglamentación requerida, y además es frecuente que viajen con sobrecupo, y en la mayoría de los casos esto sucede en pueblos y veredas donde los habitantes son de escasos recursos. Tenemos, entonces, que los servicios que el ser humano debe recibir por derecho no cumplen con los debidos parámetros de calidad, porque si quiere servicios de calidad los recibiría con el “derecho” que le da su dinero. Reflejo de una sociedad en donde la desigualdad y la injusticia están a la orden del día.

Es una tragedia muy grande la muerte de los niños de Fundación, víctimas inocentes de la irresponsabilidad del mundo adulto, y debe enseñarnos a construir una sociedad más justa y más humana, en la que exista igualdad de derechos sin distinción de estrato social y en la que las instituciones asuman el deber de prestar servicios de calidad para toda la sociedad.

Margareth Ríos Hernández. Cartagena.

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