La ley del silencio feminicida
Durante la cuarentena varios casos de muerte se han registrado, y no precisamente por el COVID-19. La muerte de varias mujeres en Colombia a manos de la violencia física, psicológica y sexual se está convirtiendo en una ola que se avecina cada vez más fuerte, pues los casos aumentan, las investigaciones se vuelven menos claras y muchos de nosotros seguimos inconscientes de lo que pasa.
Cada vez que sube la cifra de feminicidios me pregunto cuántas muertes son suficientes para que se considere importante revaluar varios aspectos en la sociedad. Cada día que muere una mujer afirmo que el verdadero enemigo no es en realidad el Estado, ni quien abusa o quien agrede; el indudable problema aquí es la conocida ley del silencio. Esta ley consiste en algo básico y sencillo, permanecer callados considerando nimios e intrascendentes los gritos o signos de violencia, aunque estos en realidad sean la máxima expresión de auxilio.
Más allá de mencionar por qué las personas han optado por aplicar esta ley al pie de la letra, voy a hacer énfasis en dos palabras: reconsiderar y reflexionar, pues hay que darnos cuenta de que todos nosotros somos la voz de las mujeres que sufren la violencia en silencio; debemos entender que como vecinos, amigos o familiares podemos hablar, denunciar y acudir a las líneas de emergencia. Además, que las mujeres cuenten con un apoyo social, emocional, instrumental o informacional puede ser la forma más eficaz de enfrentar y eliminar de manera directa esas conductas que por años la sociedad ha normalizado. No es reinventar la forma de ayudar, es utilizar los mecanismos actuales y dejar de suponer o considerar normal la violencia doméstica. Analizar que nosotros también somos un plan de ayuda no solo puede salvar una vida, puede dar a entender que ellas no están solas y que no es hora de callar.
Tatiana Moreno Tarazona.
Acerca del futuro presidente del BID
Ofrecerle apoyo o el voto colombiano al candidato estadounidense, impuesto por Trump en su errática política imperialista, es una imprudencia colombiana que no solo nos aleja aún más de la región, sino que a futuro nos hará un enorme daño. Por cuestiones prácticas, nuestros intereses, como país en vía de desarrollo, dependen en gran medida de préstamos de ese banco, al cual Trump le quitó su carácter económico y ahora por elecciones potenció el político, y Colombia le está jugando a eso. Hay otros ofrecimientos de préstamos en el mercado, que Latinoamérica está empezando a bastantear, y Colombia imprudentemente, con ingenuidad o facilismo, ya se casó. Repito: hacerle el juego al desespero eleccionario de Trump, por lo desleal con la región, nos va a salir muy caro.
Néstor Raúl Charrupi Jiménez.
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