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La mala hora de la humanidad

14 de octubre de 2015 - 09:00 p. m.

El problema generado por el tratamiento político que se viene dando a las ciencias sociales y a las humanidades es mucho más complejo de lo que se supone.

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El artículo editorial titulado “La mala hora de las humanidades” no es ajeno a los supuestos que poco a poco van haciendo cada vez más lejano un diagnóstico certero de la problemática.El problema no puede aislarse al nivel de una situación crítica para una comunidad específica de conocimiento. Sería más adecuado referirse a una “mala hora de la humanidad”. Hora aciaga que se percibe inmediatamente en esa comunidad que resulta estafada en tanto que optó por invertir en ciertos valores que la sociedad le ofrecía y que, al conseguirlos, la misma sociedad le está diciendo: en realidad eso no es lo que necesitamos. Pero ¿de quién es el problema? ¿De los estafados? ¡No! El problema es que se trata de una estafa secundaria, colateral, efecto de previsiones políticas equívocas.Estamos ante una mala hora de las políticas. Los pseudopolíticos especializados en diseñar pseudopolíticas piensan primero que todo en sus intereses, para los cuales su egoísmo prueba que no han sentido jamás necesidad de recurrir al conocimiento que producen los humanistas: eso no es “política”. Para diseñar pseudopolíticas no se necesita pensar en la humanidad, se necesita pensar en la cuenta bancaria personal. Es algo simple: “que cada quien guerree por lo suyo”. Esta consigna es el colmo de la antipolítica. Tal manera de pensar, solapada en los supuestos criterios de rentabilidad, está aniquilando no sólo ciertos campos de producción de conocimiento, sino el objeto mismo del conocimiento de esas áreas: la sociedad y la humanidad. Puede que las ciencias sociales y las humanidades no sean rentables para las élites políticas, pero eliminarlas del sistema general de producción del conocimiento, desatenderlas, no es rentable para la sostenibilidad de la especie humana y de la vida en general.En razón de esta mala hora de las políticas y de la humanidad, encontramos que los planes de gobierno que ofrece el “mercado electoral” no se escriben con una fundamentación real en las necesidades humanas, sino para canalizar, sobre la base de cierta ingeniería logística y mediante discursos orientados al control de las emociones del receptor, los recursos económicos de la sociedad (el dinero público) hacia cuentas bancarias del sector privado. Se invirtió (pervirtió) el sentido general de la política; lo que viene sucediendo con las ciencias sociales y las humanidades es sólo un síntoma de esa perversión.

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