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La nueva codirectora

07 de febrero de 2021 - 10:00 p. m.

Con el nombramiento de la señora Bibiana Taboada Arango como codirectora del Banco de la República muchos han querido armar un problema donde aún no se sabe si lo hay o no lo hay.

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Palabras más, palabras menos, las razones de quienes critican la decisión del presidente Duque se pueden agrupar en dos: la primera, que Taboada Arango no tiene el perfil profesional para formar parte de la Junta Directiva del Banco de la República (JDBR); la segunda, que es hija de la señora Alicia Arango Olmos, exministra de Trabajo y del Interior del gobierno Duque.

Respecto a la primera razón, para ser codirectora del Banco de la República parece que es necesario ser economista —preferiblemente macroeconomista—, tener un doctorado en economía, ser una experta reconocida en asuntos macroeconómicos, haber sido profesora —ojalá en una universidad del exterior y con varias publicaciones académicas—, tener una amplia experiencia profesional en el sector público y estar en la lista de espera, porque las sillas de la JDBR parecen estar marcadas en el orden dictado por alguna línea de sucesión —la fila meritocrática— misteriosa e inescrutable para el resto de los mortales ajenos al endógamo mundillo de los economistas.

Respecto a la segunda razón, ser hija de una exministra parece ser un impedimento supraconstitucional para que alguien llegue al máximo órgano administrativo y directivo del banco central. Especulan algunos que el nombramiento de Taboada Arango obedece exclusivamente a su parentesco, lo cual es difícilmente demostrable. En todo caso, el artículo 372 de la Constitución le da la autoridad al presidente de la República de nombrar cinco de los siete miembros, y en ningún lugar se establece alguna inhabilidad de sangre para el nombramiento de los miembros de la JDBR.

Es cierto que Taboada Arango no cumple con ese perfil ideal que esboza la primera razón —es economista, pero su carrera profesional ha estado más relacionada con temas de desarrollo social y pobreza—, y también es cierto que Taboada Arango es hija de quien es —algo que ella no eligió—, lo cual alimenta las especulaciones de la segunda razón. Sin embargo, cabe preguntarse si ambas razones impiden que ella cumpla con su labor constitucional e institucional como codirectora del Banco de la República: representar exclusivamente el interés de la nación y tomar decisiones razonadas e informadas en asuntos de política monetaria, cambiaria y crediticia.

Aun si fuera una reconocida macroeconomista y si no fuera hija de su madre, eso tampoco garantizaría su buen juicio para tomar decisiones razonadas e informadas. Los sabios también se equivocan y los errores de juicio no son hereditarios.

El tiempo y las decisiones de la JDBR dirán si su nombramiento comprometió la independencia del Banco de la República y si este se convirtió en el fortín burocrático del Centro Democrático que algunos anuncian, o si solo fue otro nombramiento anodino de un presidente anodino; nadie puede saberlo a priori.

Mientras tanto, a Taboada Arango debería brindársele al menos el beneficio de la duda, no solo en consideración a sus cualidades profesionales, sino como un voto de confianza en la fortaleza institucional de la JDBR, esa misma que ha sido independiente y rigurosa para tomar decisiones difíciles en otros momentos difíciles.

Daniel Poveda.

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