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La paciencia

17 de junio de 2015 - 09:50 p. m.

Soy bogotana, de madre barranquillera y padre boyacense, hace 15 años vivo en España, y observo con nostalgia y dolor mi patria.

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Dice usted paciencia (El Espectador, “Paciencia y legitimidad”, editorial junio 16/15): El pueblo colombiano, que no las elites ni las Farc, han tenido más de 60 años de paciencia, en medio de muertos, secuestros, vacunas, desplazamiento, robos y todo con impunidad. Paciencia del 95% de pueblo mestizo que se siente no representado en la mesa de La Habana. Pesimismo grande: Hemos vivido el proceso del M-19, donde las elites finiquitaron lo que políticamente se negoció. Hemos sufrido a Pastrana y el Caguán de las Farc. Estamos viviendo un proceso, hermético como bien dice, en el que 36 rondas de 11 días después sale un señor Catatumbo a decir que no es un proceso de sometimiento de las Farc a la legalidad.   Este señor y el resto de cabecillas necesitan entender: 1. A pesar de las elites injustas y cínicas, a pesar de las Farc violentas y demenciales, a pesar de políticos, fiscales y demás funcionarios corruptos,  Colombia es la democracia más antigua de América. Fuimos capaces de vivir con la Constitución de Núñez hasta el 92 y fuimos capaces de cambiarla en paz. Las instituciones que nos gobiernan están por encima de estos tres actores  y todos debemos aceptar su soberanía. 2. Los ciudadanos tenemos el privilegio de exigir nuestros derechos ante las instituciones y de responder ante ellas por nuestros actos conscientes. 3. Obligación de todos es fortalecer las instituciones y hacer que estén alertas para identificar y estirpar la corrupción. Esta obligación no se ejecuta con bombas y fusiles, sino expresando ideas y trabajando para llevarlas a cabo. 4. Cuando un comandante de las Farc elige fusiles, minas antipersonal, cilindros explosivos y arenga a su tropa para atacar un pueblo o una carretera es consciente de sus actos y responsable por ellos. Y debe, como todos, responder por ellos. 5. En cuanto a las elites, funcionarios, militares y paramilitares, también son  responsables de sus actos y se someten a la justicia. 6. El señor De la Calle  debería vestirse de maestro y educar a los representantes de las Farc en estas y otras simples ideas. La inercia que aporta la violencia y desestabilización de la guerrilla  es comparable al lastre de la corrupción de algunos políticos y las elites que los apadrinan. Si queremos una mejor Colombia para el 95% de la población, deben darse pasos concretos para castigar a unos y a otros, contar sus delitos y evitar que se repitan.   La paciencia del 95% de colombianos rasos es infinita, ¿pero además nos creen tontos?  Claudia R. Valderrama V.  Envíe sus cartas a lector@elespectador.com

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