En esta necesaria negociación de lo público para la paz, hay que acceder para recibir, hay que dar para obtener y poder lograr lo anhelado por las partes, teniendo como objetivo principal el país, la ciudadanía.
Los negociadores mantendrán a todo instante la paciencia y convicción para pactar ideas progresistas del país requerido. Para ello se hará dejación de armas por participación política, calidad de vida por extinción de la muerte, prevalecimiento de los valores y principios humanos sobre el Dios mercado. Sin inamovibles porque la paz está por encima de la justicia ordinaria pero no de la transicional; creativa, razonada y permitida en estos conflictos. Se requiere, además, una moral cristalina y patriótica para negociar temas pilares de la futura Patria colombiana y terminar con el letal conflicto, desangrante de lo biológico y pauperizante del erario y de la población, la más sufrida de la guerra
Ómar Muriel. Bogotá.
Sí, pero no
Santiago Montenegro incurre en riesgosas contradicciones (“Clientelismo, principal problema”, El Espectador, sep. 30). La primera, acusar como defecto la multiplicidad de partidos, cuando ésta es virtud de la democracia. La segunda, lamentarse por la carencia de acuerdos “… en dos o tres puntos cruciales para el desarrollo del país”, quejándose de que “el clientelismo hace que,… cualquier acuerdo… sea inviable”.
Doblemente errado. Primero, porque la democracia no supone acuerdos previos sino ideas que se premian electoralmente, permitiendo que las derrotadas se opongan libre y pacíficamente. Aquí no practicamos lo uno ni lo otro. Además, en Colombia el clientelismo ha surgido precisamente para sacar adelante acuerdos ¡que benefician a los gamonales dueños de las clientelas! El columnista se duele de que, por tanto, “… seguiremos… sin puerto de destino”, olvidando que, al contrario, sea saludable que carezcamos de un solo destino cultivando varios destinos que puedan convivir sin matarse. Montenegro arriesga desconocer, a nombre de la democracia, sus propios fundamentos presentando soluciones cercanas a la tiranía. La democracia es el sistema que garantiza la vigencia de múltiples voces. La tiranía garantiza que haya un solo acuerdo que desconozca toda otra posibilidad. Además, con patente de corso para matar al opositor.
Bernardo Congote Ochoa. Bogotá.
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