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La Presidencia de la República: ¿Una dignidad de medio tiempo?

31 de diciembre de 2024 - 12:00 a. m.

A propósito del editorial del 12 de diciembre, titulado “La institucionalidad prima sobre los apellidos”. Como si en la reciente reforma laboral se hubiese incluido un artículo secreto que establece trabajo de medio tiempo para el presidente de la República, a nuestro primer mandatario, Gustavo Petro, a diferencia de sus antecesores, no le alcanza el tiempo para presidir ceremonias civiles y militares a las que, con meses de anticipación, ha confirmado su asistencia. Se ha vuelto común presenciar a cientos de funcionarios y sus familias esperando por horas al mandatario, muchas veces bajo el sol o la lluvia. Militares, industriales, policías, maestros, sindicalistas y magistrados han sufrido la decepción y el irrespeto de la inasistencia del primer mandatario a sus ceremonias.

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Recientemente, el presidente Petro reclamó de manera vehemente al alcalde Alejandro Char por no asistir a una reunión que el mandatario presidía en la ciudad de Barranquilla, acusándolo de no tener la “dignidad democrática” de participar en las reuniones que él convoca. La dignidad que el presidente siente mancillada es, al igual que el respeto, una virtud de doble vía. Esto significa: yo respeto tu dignidad como ciudadano, y tú respetas mi dignidad como presidente. La dignidad de un cargo se construye con acciones positivas, ejemplo y consideración. Lamentablemente, las continuas inasistencias del mandatario a las ceremonias institucionales más importantes han terminado por opacar la “dignidad democrática” que invoca.

El tiempo parcial que el presidente dedica a la arena política lo utiliza para sembrar tormentas de agravios contra toda institución, persona natural o jurídica, idea o acción que no se alineen con su imaginación, proyectos, discursos o programas de gobierno. “Están conmigo o están contra mí” parece ser su lema. Su actitud, lamentablemente, ha terminado por fracturar la armonía que, por el bien de la democracia, debe existir entre el Ejecutivo y las otras ramas del poder público, la prensa y la ciudadanía. Su responsabilidad como garante de la unidad nacional es hoy letra muerta.

Una nación como Colombia, con múltiples dificultades económicas, sociales y de seguridad, pero también con grandes oportunidades, no puede continuar en la dinámica de la división y el agravio. Nunca será demasiado tarde para que la máxima dignidad de gobierno asuma el liderazgo activo, positivo y respetuoso que logre transformar nuestro país. El tiempo de un presidente es demasiado corto para generar prosperidad, equidad y desarrollo; por tal motivo, es demasiado vano desperdiciarlo en generar ofensas y desavenencias.

Nicolás Muñoz

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