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“La Pulla” del carbón

09 de julio de 2021 - 12:00 a. m.

Desafortunada edición de La Pulla acerca del carbón. Como ya es costumbre en Colombia, nosotros simplemente seguimos las modas en el extranjero. La última, por supuesto, es que el carbón es sucio y entre todos debemos eliminarlo del planeta. Colombia, sin embargo, es un país pobre, sin energía, sin alternativas y, paradójicamente, mucho más sensible a los efectos del cambio climático que los países ricos y desarrollados, que derivaron su desarrollo precisamente del carbón. Revisemos: el exceso de energía confiable y barata produce desarrollo. Mírenlo como quieran, ya sean comodidades del mundo moderno, infraestructura abundante o expectativa de vida. Por donde se mire, los países que garantizaron este exceso barato y confiable llegaron al desarrollo que tanto envidiamos en estas latitudes bajas. Esos países ricos importaron desde los años 80 la mayor parte de los millones de toneladas de carbón que Colombia exportaba, moviendo buena parte de su matriz energética. Y, claro está, el carbón colombiano quemado en Europa ha contribuido al cambio climático. Pero el subproducto benéfico (desarrollo) se quedó allá. Los países desarrollados llevan quemando carbón (el suyo y después el importado) por más de dos siglos sin ningún límite. Dos siglos de emisiones ininterrumpidas y sin cortapisa pusieron más de 120 partes por millón de CO2 en la atmósfera que todos respiramos. El subproducto fue el desarrollo de sus economías y la mejora en sus estándares de vida.

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Ahora resulta que por ese sentimiento de culpa climática, que los países desarrollados han hábilmente globalizado, todos debemos eliminar el carbón. Recordemos que la matriz energética colombiana es fundamentalmente hidroeléctrica (aproximadamente 80 %), y Colombia es un país que realmente consume muy poca energía per capita, con menos del 0,5 % de las emisiones globales, que son prácticamente nulas si miramos el acumulado de los últimos 200 años.

Ahora bien, lo paradójico es que Colombia, por su débil y frágil infraestructura, es mucho más susceptible a los efectos desconocidos del cambio climático que cualquier país desarrollado. ¿Qué tal si, por ejemplo, el cambio climático nos trajera fenómenos de El Niño más frecuentes o más intensos (o ambos)? Los que nos acordamos del apagón de los 90 sabemos qué pasa cuando llega este fenómeno. Nuestra matriz energética colapsa. Casi vuelve a pasar en 2016, y entre más hidroeléctricas construyamos más susceptibles nos volvemos.

El camino del carbón en Colombia es simple: es la única fuente de energía confiable y abundante que tiene el país, de modo que debemos minarlo y quemarlo aquí y derivar los beneficios de esa energía para el desarrollo del país. Ya existen tecnologías que queman el carbón en atmósferas de oxígeno puro y altas presiones, aumentando su eficiencia y permitiendo capturar el CO2 resultante. Sería bueno que de la exportación de carbón no solo quedara el hueco. Así como van las cosas, y si atendemos voces como las de La Pulla, no va a quedar más.

Camilo Montes. Ph.D. Profesor de geología, Universidad del Norte.

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