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La tragedia de los sin nombre

20 de marzo de 2024 - 09:00 p. m.

En México, la problemática de los migrantes desaparecidos ha alcanzado dimensiones alarmantes: se trata de un número significativo de individuos que caen en la invisibilidad total. Este fenómeno afecta desafortunadamente también a los jóvenes que, a lo largo de su viaje en busca de oportunidades y mejores condiciones de vida, terminan siendo víctimas de criminales y otros actores que operan a lo largo de las rutas migratorias.

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Me gustaría abordar el problema desde la perspectiva de los jóvenes y de los más pequeños para explorar los desafíos que enfrentan en su recorrido desde México a Estados Unidos. Los chicos emigran por variadas razones, cuyas motivaciones suelen ser complejas. Por un lado, por lo que respecta a los menores, la forma principal de migración infantil es la familiar, ya sea acompañando a uno de sus padres o bien —cuando estos los mandan solos a cruzar la frontera con Estados Unidos— sin nadie de la familia. Por otro lado, destaca que la mayoría de estos chicos buscan empleo para enviar dinero a su hogar en su país de origen.

Sin embargo, los menores se exponen a numerosos peligros durante la travesía: bandas criminales que se aprovechan de la situación para secuestrar, extorsionar o reclutar a jóvenes migrantes, quienes a menudo desaparecen sin dejar rastro. En la película Sin señas particulares (2020), de la directora mexicana Fernanda Valadez, se aborda de manera impactante la cruda realidad que viven los adolescentes en su peligroso recorrido, enfrentando el riesgo de caer en las garras de pandillas, quedando atrapados en situaciones de las que les resulta imposible escapar. Es la tragedia humana de aquellos que, al desaparecer, quedan en el olvido colectivo, sin un nombre que los identifique, convirtiéndose en víctimas invisibles de un sistema que a menudo no logra proteger a los seres más vulnerables e indefensos.

Esta situación de los sin nombre debe dejar de ser una realidad aceptada. Hay que lanzar un llamamiento urgente a la sociedad y a los gobiernos: el gran reto es prevenir la desaparición de más vidas y ofrecer un futuro más seguro y digno para quienes buscan construir una vida mejor en otro lugar.

Martina Agozzino, Génova (Italia)

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