Las contradicciones en la posición frente a Isagén y la tristeza de un viaje por el río Cesar.
La venta de Isagén
Más allá de si Isagén es rentable o no como empresa, lo que más me llama la atención en el debate surgido a propósito de su venta es la defensa tardía de los bienes públicos. En efecto, todos o casi todos los que hoy se rasgan las vestiduras por la venta de esta compañía defendieron y propiciaron la enajenación del patrimonio del Estado colombiano durante los últimos cinco lustros, so pretexto de que la empresa privada era mucho más eficiente que el sector oficial en el manejo de toda actividad económica. Entonces, con el aval de la dirigencia nacional, se privatizaron casi todos los activos estatales, aun los no privatizables: la salud, que antes funcionaba más o menos bien, fue privatizada y es hoy un desastre; las telecomunicaciones fueron privatizadas, y Telecom, que era una empresa rentable, fue vendida a precio casi de huevo; los aeropuertos fueron entregados al sector privado; igual suerte corrieron las empresas públicas municipales, y hoy el suministro de agua potable en las regiones está en manos de particulares, por cierto españoles, lo mismo que el suministro de energía, por lo menos en la región Caribe. Por eso, el agitado debate en torno a la venta de Isagén me parece una discusión bizantina, que ni quita ni pone, pues ya el neoliberalismo arrasó con todo. Ya no queda casi nada. Así que, para lo que falta, vaya el resto si el Gobierno necesita recursos…
Lacydes Cortés. Cartagena.
El río Cesar
Dolor de patria y dolor de todo produce la visión del río Cesar cuando se hace el tránsito de Valledupar hacia La Paz y se pasa sobre el puente. En efecto, el río que dio nombre al departamento, que ha inspirado a compositores de la provincia, es hoy una larga mortaja blanca de detergentes y otras inmundicias; en su cauce toda forma de vida está en vías de desaparecer. La fácil, pero irresponsable decisión gubernamental de vaciar las aguas residuales en el río César privó al municipio de El Paso —por donde el río pasa cerca— de tomar sus aguas para el acueducto, y hoy los habitantes padecen sed y la poquita agua apta para el consumo la llevan desde Valledupar. Entre tanto, la presión en las duchas, surtidas por el acueducto de Valledupar (cuya bocatoma se abastece del desforestado río Guatapurí) tienen el 50% de la presión de hace tres años. En suma, si se quiere hallar solución al problema grave de salvar la vida del segundo río más importante del departamento, es urgente acrecentar la conciencia ciudadana, a fin de que con su clamor las autoridades de Valledupar, específicamente, busquen un lugar adecuado para llevar las aguas residuales de la ciudad, y salvar para siempre el río Cesar.
Donaldo Mendoza. Popayán.
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