Las Farc, en su afán de demostrar capacidad de daño, están atentando gravemente contra los intereses de la población civil: con la voladura de las torres en Tumaco y Buenaventura, y las minas que sólo han afectado a familias de escasos recursos, pero también lo hacen cuando acuden a prácticas de terror para atacar furtivamente a la fuerza pública.
Esta escalada terrorista deja una vez más al descubierto que su única bandera es la violencia, que no tienen ideales políticos ni doctrinarios, que están lejos de encarnar una fuerza revolucionaria, la que seguramente no afectaría de esa manera tan demencial al pueblo que dice representar y por el que debería encausar una lucha política y no criminal.
Activaron toda su fortaleza criminal en las zonas donde tienen sus intereses económicos: narcotráfico, minería ilegal, contrabando y extorsión. La fuerza pública no puede quedarse en el análisis de los hechos, debe pasar a la acción bajo el precipicio de la consecutividad de las operaciones exitosas. La inteligencia no puede esperar, debe ser proactiva y aportar información precisa en tiempo real, para que las unidades asesten golpes contundentes, en estos momentos cuando más se necesitan. El país no puede seguir observando cómo destrozan un pedazo de su territorio, como si no hubiera quien lo hiciera respetar.
Édgar Guillermo Bejarano. Bogotá.
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