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Las normas

26 de mayo de 2015 - 11:19 p. m.

Soy lectora de El Espectador los fines de semana y todos los sábados leo la columna del señor Mauricio García porque me parece una persona seria y me gusta como escribe.

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En varias ocasiones estoy de acuerdo con él y, cuando no lo estoy, considero que sus argumentos son claros y aceptables; sin embargo, no pienso lo mismo de la columna del pasado 21 de mayo 2015 “La lotería de la mala suerte”. Creo, como él, que en Colombia la lógica de las señales de tránsito no existe, como tampoco existe la lógica de los colombianos. Lo que no me parece responsable es que diga en un medio público que dentro de sus finanzas tiene presupuestadas las multas tránsito que le resulten como consecuencia de la violación de las normas de velocidad, simplemente porque las considera absurdas. Es verdad que en la mayoría de los países (Colombia no es uno de ellos) las autopistas son para ir a velocidades altas y los carriles de baja velocidad tienen un mínimo; sin embargo, en la mayoría de los países (Colombia no es uno de ellos) en las autopistas y en las carreteras no se cruzan los adultos irresponsables, el indigente, los niños que van detrás de la pelota, los estudiantes que acaban de salir del colegio, el perro de las familias y, a veces, también las vacas y los caballos; por lo tanto, ir a más de 80 km/h en las autopistas del país (los extranjeros se burlan porque consideran que no tenemos autopistas) es irresponsable y puede terminar en una tragedia. Si bien entiendo lo que el señor García quiso decir, la forma como lo hizo estuvo fuera de lugar. Las normas son las normas y, nos gusten ó no, son de obligatorio cumplimiento para todos. Si el señor García comete una infracción vial en Estados Unidos o en Europa porque le parece absurda, no sólo el comparendo le sale caro sino que después de reincidir le quitan la licencia. Por otro lado, el artículo suena a “usted no sabe quién soy yo” pues como mis ingresos me permiten pagar varios comparendos al año me importa cinco incumplir la norma. Lo que lo diferencia con la mayoría de los conductores de buses y taxis es que el señor García sí paga los comparendos.  Estamos en un país en el que el “vivo vive del bobo”, en el que en el que vivo e inteligente son sinónimos (vea los colados en el TM, los que se hacen media cuadra en contravía, los que no paran en las cebras, y no sigo porque se me acaba el espacio) y en el que la justicia es para los de ruana; por lo tanto, esa columna no creo que ponga al Ministerio de Transporte ni a la sociedad a analizar ni a reflexionar sobre el tema pero sí les aseguro que les dio ideas a la gente que cree que con plata todo se soluciona.  Luisa Fernanda Castaño Araque. Envíe sus cartas a lector@elespectador.com

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