Héctor Abad en ocasiones escribe sobre lo que más nos incomoda.
Desde ese punto de vista ejerce responsablemente su papel de intelectual pleno y periodístico digno. Su autocrítica sobre el papel de la radio en la cotidianidad ofrece buenos platillos. Invita a pensar que la falta de pausa radial no sea buena compañera de la sana crítica ni, menos, de la formulación adecuada de soluciones o de respuestas ponderadas. Pone, de paso, en tela de juicio el retorno social de las millonarias inversiones radiales para adueñarse de una llamada “franja de opinión” que, digamos la verdad, tiene más de insidia, escándalo y superficialidad que de opinión alguna. Papel que, por contrapartida, sí puede seguir teniendo la prensa escrita impresa o virtual. Y permite aprender, saludablemente, que levantarse oyendo a Vivaldi o Chopin sea una terapia más apropiada para una sociedad ahogada en sangre, acosada por la corrupción y penetrada por un sistema democrático pobremente representantivo.
Bernardo Congote. Bogotá.
Elecciones, no reinado
Es inmenso el compromiso que tenemos los colombianos el domingo; recae sobre nosotros la responsabilidad histórica de renovar un parlamento desprestigiado, un parlamento en el que el ausentismo marcha al ritmo de las astronómicas mesadas de nuestros “honorables” padres de la patria.
Un Congreso que impone operación tortuga en sus decisiones, so pena de sobornar el bolsillo de los colombianos, un Congreso que en este cuatrienio solo ha brillado por la corrupción e improvisación, que más de una ley ha tenido que retroceder por el afán de beneficiarse o beneficiar a unos pocos, sacrificando a 46 millones de colombianos.
Es el momento de darle un giro de 180 grados a estos parásitos renovándolos en su totalidad. De lo contrario, Colombia jamás tendrá un legislativo imparcial, ecuánime, trabajador, patriota y responsable.
Ahora se nos presenta un excelente abanico de jóvenes promesas colombianas, hambrientas de trabajar con denodado esfuerzo y nuevas lecturas sobre nuestras leyes. Jóvenes a quienes tenemos el deber de darles la oportunidad de una buena vez.
Decidamos independiente y responsablemente, entendamos que el próximo domingo no vamos a elegir bellos rostros y refinadas oratorias voces para desfilar en las pasarelas del Congreso, de ninguna manera; vamos a llevar a legislar por cuatro años a quienes seguramente darán la batalla que nunca hemos tenido los colombianos. No le temamos al cambio, a la renovación, decididamente votemos por enderezar el rumbo de esta descuadernada Colombia.
Raúl Moreno Sierra. Medellín.