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¿Libertad de expresión o irresponsabilidad?

05 de febrero de 2023 - 09:05 p. m.

Me tiene sorprendida cómo El Espectador, que se proyecta como defensor de las ideas liberales y que ha sido afirmativo en sus posturas favorables a los derechos LGBTI+, al feminismo y a los enfoques de género, publica voces como la de Mauricio Rubio.

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En su texto del pasado jueves ataca una columna de Catalina Ruiz-Navarro (sin nombrarla) y se burla del escenario en el que un hombre trans solicita un aborto. Dice que es improbable el embarazo de un hombre trans y que es inverosímil que un hombre trans sea víctima de violencia sexual y que de ahí resulte en embarazo. Es una total falta de respeto contra una población históricamente victimizada. Si el señor Rubio no conoce de casos de violencia sexual contra hombres trans no es porque no existan, es porque la misma sociedad los ha invisibilizado y las instituciones correspondientes no lo toman en serio. Le diría que revise las denuncias de la Red Comunitaria Trans en Bogotá y amplíe sus fuentes para que no se hunda en la desinformación. Pero no tengo fe en que este comentario le importe a Mauricio Rubio, cuyas motivaciones tampoco entiendo. Solo es revisar el resto de sus columnas: machistas y homofóbicas. Dos ejemplos: escribió en defensa de Víctor de Currea (académico denunciado por ser un acosador) señalando que las alumnas propician la violencia sexual por usar ropa provocadora. En otra columna criticó que las instancias judiciales no consideren los celos como una justificación de la violencia de pareja. Me pregunto de dónde vendrá tanto resentimiento.

A quien sí hay que interpelar es a El Espectador. Consumo La Disidencia y Las Igualadas y se me hace una total incoherencia que se le amplíe la voz a un personaje que se burla de la lucha que estos espacios defienden. Asumo que me responderán diciendo que el periódico está comprometido con la defensa de la libertad de expresión y que por eso acepta narrativas dañinas como la de Rubio: una postura muy irresponsable que raya en la incoherencia. Cada quien puede pensar lo que le dé la gana, pero El Espectador entonces ¿reproduce todo? ¿Dónde están los límites cuando las narrativas que reproducen la violencia y la discriminación llegan a sus escritorios? ¿Se han preguntado cuál puede ser el impacto sobre las poblaciones vulnerables cuando se publican narrativas violentas bajo el nombre El Espectador?

El concepto de libertad, así la mediocre humanidad no lo quiera aceptar, viene con límites. Me pregunto entonces si la interpretación de la libertad de expresión para El Espectador es expresión sin límites. Si es así, está claro que este medio no es un lugar seguro para que las personas sexualmente diversas hablemos de nuestras experiencias y luchas.

Alejandra Zuluaga Brieva.

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