La niñez en Colombia empieza a beber y a fumar a temprana edad, muchas veces con la anuencia de los padres. Vi cómo una abuela en cierta ocasión le daba licor a su nieto de 9 años para que se ‘volviera machito’, según su estupidez cultural.
Algunos estudiantes llegan a las aulas borrachos, enguayabados, drogados y armados, con edades entre los 8 y 17 años. Empiezan con una ‘cervecita’ y terminan usando drogas duras. No son alcohólicos del futuro, sino del presente. La regulación y las campañas institucionales no dan abasto con la demanda alcohólica de la niñez y juventud. Sería sano, que por lo menos en novelas y series de televisión, los personajes interpretados por actores, no utilizaran el licor como símbolo de poder. Sabemos perfectamente que no usan licor real, pero el mensaje a la gran masa, —llámese té, aguapanela o gaseosa para suplir el trago— podría tomarse como una apología etílica. Hay que tomar medidas, educar a padres y docentes, para preservar en lo posible, una juventud sana en cuerpo, mente y espíritu.
Helena Manrique Romero.Bogotá.