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Los héroes invisibles

15 de mayo de 2020 - 12:00 a. m.

Esta nube oscura de la crisis del COVID-19 sigue causando estragos en todo el planeta y será el evento que va a definir a toda una generación en la forma de asumir su comportamiento de aquí en adelante.

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En el mundo de la educación esta crisis ha obligado a colegios y universidades a cerrar sus puertas físicas y trasladarse a un mundo virtual de la noche a la mañana. Muchas instituciones y profesores no estaban preparados para esta contingencia que va a durar muchos meses.

Los profesores son unos héroes invisibles. Todo el mundo cree que ellos deben estar ahí sea como sea. No tienen el derecho de experimentar o equivocarse, deben saberlo todo. Ellos no se las saben todas y en este momento están estudiando, aprendiendo y cambiando día a día. Su formación se volvió contrarreloj. La exigencia de la sociedad es absoluta.

De un día para otro los docentes han montado un sistema de educación a distancia para seguir prestando su servicio desde casa. Ellos entregaron los materiales, su computadora privada y personal, su internet, pagado de su bolsillo. Su estudio o sala se convirtió en el salón de clase y se volvió pública la intimidad de su hogar. Algunos bajaron los cuadros que decoraban sus paredes y pusieron un tablero para explicar y clarificar conceptos. Adicionalmente, sus clases son vigiladas por padres de familia. Algunos de ellos se estarán quejando sobre el progreso de sus hijos y la cantidad de tareas.

El colegio en la sala de casa no termina nunca. Muchos correos por atender, muchas preguntas que contestar. Constantes interrupciones, además de ayuda a sus propios hijos en sus tareas y a su cónyuge en mantener el hogar organizado.

Hasta este momento no he escuchado muchos aplausos. Muy pocas personas les dan las gracias, y la sociedad no les está dando el reconocimiento por su labor, que los merecen.

Los profesores están trabajando muy duro. De hecho sus horas de trabajo se han multiplicado, pues aclaran dudas uno a uno y corrigen tareas una a una, en la sala de su casa.

Yo invito al El Espectador para que este 15 de mayo, Día del Maestro, aplauda a los docentes, maestros, profesores, directivas y todas las personas que cuidan a los jóvenes en los colegios y universidades. Que esa gratitud sea sincera, que el diario y sus aliados inviten al país a reconocer, en las noches con sus cacerolas, a estos héroes invisibles. Yo aplaudo a los docentes con toda mi fuerza por darle a la educación el lugar que le corresponde en esta época de crisis.

Finalmente, esta disrupción nos da la oportunidad para pensar nuevas formas de aprender y enseñar. También nos da la oportunidad de crear un mundo más igualitario y humanístico. Más consciente de nuestro ecosistema. Más justo para todos.

Tomas Chaskel

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