El país de los niños es todo un cuento, y en ese cuento habita un monstruo, de ese monstruo existe una imagen, de esa imagen ocurre una pesadilla, y de esa pesadilla al menos una se convierte en realidad. Como en todos los cuentos hay diferentes personajes, uno de ellos que hace de todos un poquito mejor, en unos tiene poderes, en otros cumple deseos e incluso hay varios que convierten al villano en una mejor versión, pues ellos tienen el poder, tienen códigos, leyes vienen de una tierra donde hay imparcialidad, donde no existe la inmoralidad, pasan años estudiando para aprender a disputar contra todo forzador, ya existieran en los cuentos de ahora, pero al parecer ellos se han escondido de este cuento, donde hay un esperpento.
Hay otro personaje, uno no tan querido, uno al que se le teme, lo que lo hace diferente de muchas historias es que este está un poco desintegrado, pues vive de la miseria que hace padecer a los demás. Se caracteriza por ser degenerado y depravado. No desaparece cerrando los ojos, no se detiene si enciendes la luz, no se hace vulnerable si usas tus gritos, no se oculta si sale el sol, pero tampoco vive dentro de la oscuridad. Existe una particularidad, y es la heterogeneidad de su existencia, pues de él viven varios en diferentes cuentos. Como una cadena se propagaron. Tal vez algunos no escogieron ser el despreciable personaje de la historia, si no que fueron víctimas y prefirieron convertirse en aquel victimario; como hay quienes nacieron con la maldición y desarrollaron su capacidad a través de la experiencia, por encima de muchos ocultaron su esencia de maldad, pasaron inadvertidos convirtiéndose en el más cercano vínculo. Aún así todos tienen un mismo fin, acabar con quienes protagonizan esta historia y no es precisamente el héroe que da un buen final, si no los que sin saber terminaron convirtiéndose en víctimas de una desgracia: los más grandes actores de una pequeña historia, los niños.
Espere, no dejemos atrás a los personajes secundarios, los que hacen parte del cuento, los que vieron, interactuaron, quisieron o tal vez reconocieron al personaje principal o incluso al monstruo antes, durante y después de su historia, y tan sólo fueron insignificantes, pues se hicieron los de la vista gorda, oídos sordos y manos quietas, por no ser desde la perspectiva del monstruo su enemigo. Mientras que los niños, quienes sin saber obtuvieron un papel que no pidieron, una tragedia que no escogieron, un cuento que nunca les leyeron, si todos hubieran sido percatados, ayudados y protegidos, no serían parte de una historia dolorosa, pues ninguno tuvo tiempo de decir que el monstruo del que tanto temieron, existió y los violó sin dejarlos decir adiós.
Tatiana Moreno.
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