La ola de migrantes sobre Europa y los Estados Unidos no se detiene.
Por el contrario, aumentan cada día más y más. Los conflictos en Irak, Libia, Siria, Nigeria, Sudáfrica y otros estados que se desangran por las guerras entre tribus gobernantes y opositoras, producen inevitablemente grandes desplazamientos, donde jóvenes, niños y mujeres llevan la peor parte. En estos desplazamientos por la guerra en Siria, son innumerables las familias que han tenido que abandonar su querida patria, porque en esta guerra fratricida que se libra en su territorio, no se tiene misericordia de nadie y cuidado de nada. Existen organizaciones criminales que, por dinero, fletan barcos que no ofrecen ninguna garantía en el mar Mediterráneo abierto, para transportar a centenares de niños, mujeres y adultos que, por salvar sus vidas por cuenta de la cruenta guerra, se arriesgan a hacer la larga travesía de la muerte…. Muchos perecen en el intento, y la mayoría, sorteando el peligro, logran llegar a Europa, donde los reciben no precisamente con los brazos abiertos. En estas guerras que se vienen sucediendo en el Medio Oriente, pienso que las potencias que hacen parte de la Unión Europea y los Estados Unidos son en cierta manera culpables de la desestabilización que pasa por varios países árabes. En este momento la Unión Europea y los Estados Unidos tienen la oportunidad para enmendar los errores cometidos en el pasado y brindar una justa y democrática bienvenida a estas miles de familias, que han sido expulsadas de sus patrias y que la mayoría han querido abandonar para salvar sus vidas. La historia universal está llena de migraciones y, como consecuencia de las mismas, se ha producido el nacimiento de naciones, donde las culturas se han fusionado para levantar nuevos imperios. Luis Castellanos García. Bogotá.Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.